El Supremacismo Intelectual
Un problema que surge cuando alguien que se considera por encima de los demás debido al nivel educativo que ha logrado obtener, es que tiende constantemente a menospreciar cualquier opinión o sugerencia proveniente de aquellas personas a las que considera con un nivel inferior de educación formal. Pero una cuestión que se deriva de este tipo de conductas es que ―siendo la instrucción académica restringida en gran medida a una especialidad― nadie puede presumir de ser docto más allá de su área de especialización, algo que es reforzado por el hecho de que el conocimiento humano es un amplio espectro de proporciones infinitas, imposible de ser acaparado en su totalidad por ninguna mente, por brillante que sea.
Una de las sustantivas expresiones del supremacismo radica precisamente en una actitud de rechazo, menoscabo, desprecio y devaluación de toda proposición proveniente de alguien a quien la persona supremacista considera inferior en términos de conocimiento o experiencia. Y aunque estas actitudes no siempre se manifiestan de manera antagónica o desagradable, su función es silenciar e inhibir procesos propositivos alternos en la situación o problema que se discute. Y es necesario establecer que el supremacismo, al igual que la discriminación en general, no es exclusivamente un rasgo del racismo, puesto que se produce también entre gente de la misma raza.
De hecho, esta preconcebida superioridad en el terreno del conocimiento, muchas veces se presenta con un envoltorio de condescendencia, de cooperación o de voluntaria ayuda hacia la persona a quien se desea callar para que sus propias opiniones no sean escuchadas o diseminadas entre otros. El individuo que se considera por encima de los demás en cuanto a conocimiento, será proclive a recomendar la opinión de los “expertos” en cualquier especialidad que ocupe el debate o elucidación del asunto que se aborde; esto porque, desde el punto de vista profesional o académico, es lo único aceptable.
Sin embargo, últimamente se ha puesto al descubierto de qué manera, los así llamados “expertos”, han utilizado su estatus como tales para tergiversar o acomodar sus opiniones o veredictos en cualquier asunto, incluyendo los de tipo legal, respondiendo únicamente a los intereses de quienes pagan sus servicios, al margen del estricto conocimiento y de la ética profesional. En este sentido, ¿quién no recuerda cuando el fumar cigarrillos era recomendado por los “expertos de salud” como factor contributario a la pérdida de peso?, o, ¿quién ha olvidado cuando los “expertos” de la Asociación Médica Americana aseguraban que la acupuntura era charlatanería? Todavía más, ¿quién ignora el rol determinante del “experto forense” en la absolución de O. J. Simpson, en el caso de los asesinatos de su esposa y un amigo de ella? Por cierto que este “experto”, doctor Henry Chang-Yu Lee, de ascendencia taiwanesa, ha sido culpado por una corte federal de haber falsificado evidencia determinante en el veredicto de culpabilidad en contra de los adolescentes Shawn Henning and Ralph Birch, quienes pasaron treinta años en prisión antes de ser declarados inocentes.
Por otra parte, si el conocimiento de un abogado es valioso en el campo de la litigación judicial, o el de una doctora en la rama de la medicina general, del mismo modo lo es el conocimiento de un campesino en lo referente a la agricultura. Y si es cierto que un campesino de bajo nivel educativo es incapaz de contender con autoridad en un proceso legal sin asistencia de un abogado, lo mismo aplica para cualquier profesional de la jurisprudencia en el sentido de la carencia de conocimientos para desempeñarse en el cultivo de y cuido de la tierra.
Al igual que la discriminación racial, la cual también lo integra, el supremacismo es estimulado más subrepticia que abiertamente, por las élites políticas cuyo propósito es mantener y acrecentar la conflictividad en la sociedad para acaparar adeptos en uno y otro bando. A nivel del individuo común, el supremacismo, como una de las tantas expresiones del racismo, es producto de la ignorancia o de una educación muy deficiente, ya que las personas verdaderamente sabias, así como han aprendido muchas otras cosas, han llegado a conocer lo importante que es practicar la humildad.
De modo que la respuesta a la interrogante ¿supremacismo intelectual o idiotez banal? es obvia en sí misma.