Dolor Ajeno

Poemas Negados de un Frente de Guerra


Dolor Ajeno

Por Yasser

De tu cara llueve una tristeza.
No es una tormenta, es una llovizna.
De tus ojos cae
un amor herido de bala
asesinado como un perro
cuando más le amabas.

De tus suaves manos se empina
un odio terrible
como un dolor de siglos,
como una vergüenza
de virgen desnuda.
¡Por eso me gustas!

Morazán, 1990.

Justificación de la Lucha


En las últimas décadas, el escepticismo derivado de movimientos revolucionarios traicionados y de la ineficiencia de los procesos electorales de las democracias representativas, hacen más difícil la justificación de la participación en las luchas populares. El agresivo repunte de la ultraderecha en varios países haciendo uso de un discurso irreverente y presentándose con líderes que se declaran foráneos y contrarios al establecimiento político, haciendo uso del más descarado cinismo, aumenta la dificultad de esa justificación.

El objeto implícito del sistema de partidos, que ha sido diseñado y es alimentado por las derechas con el concurso de las izquierdas electoreras, es hacer crecer el contingente de las personas escépticas, en tanto que esto favorece a las facciones más reaccionarias, debido a que al final solo quedan participando en las elecciones quienes forman parte de las estructuras partidarias y sus militancias acérrimas, y la disputa se reduce solamente a ese grupo de quienes las encuestas denominan «indecisos», que en realidad son los oportunistas de siempre, que se van con el bando con más chances de triunfar. La razón por la que el sistema alimenta este escepticismo, es porque la ultraderecha no tiene posibilidad de ganar una contienda electoral sin tener que recurrir a las maniobras más sucias y al uso del miedo, ni aunque movilice hacia las urnas a toda su fanaticada, tal y como quedó demostrado en la contundente derrota de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos, amén de que el establecimiento del Partido Demócrata tuvo que pactar con los sectores progresistas para lograr la mayor movilización de electores que pueda recordar la historia estadounidense. La aguda observación del sistema de partidos de las democracias representativas estaría a la base de la sardónica definición de Groucho Marx: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.»

Pero la política es tan vieja como la primera profesión del mundo. Su existencia se debe a la existencia del conflicto, y mientras haya conflicto, habrá política, independientemente de que alguien quiera participar o no de sus procesos. A propósito de esto, dice el politólogo Juan Carlos Monedero: «El conflicto es lo que pone en marcha a las sociedades. El conflicto es un equilibrio inestable de seres humanos que viven en el tiempo, es decir, que envejecen, que pierden constantemente energía camino de la muerte. Existirá conflicto mientras haya seres humanos que piensen que merecen algo y no lo tienen. El conflicto vino para quedarse, con su amenaza y su promesa redentora». Y añade que: «Las luchas de ayer son los derechos de hoy. La falta de acción colectiva de hoy es el retroceso de mañana. En ningún lado está garantizado el progreso».

Se puede ver la función de la política como una regulación del conflicto a través del consenso y disenso, pero su objeto es el acceso al poder de distribución de los recursos públicos. La facción que obtiene este poder (la que gana el gobierno) asigna los recursos de la manera que más le place, beneficiando a unos grupos y dañando a otros. De allí, la continuación del conflicto. Y cuando una derecha alineada con el trumpismo (como la que está en el poder en El Salvador) va estableciendo un régimen autoritario, desconocedor de las reglas del juego político, encaminado a implantar una dictadura, el conflicto se exacerba y a las personas honestas no les queda otro camino que la lucha, porque de ella depende la sobrevivencia individual y colectiva como entes dignos, ya que si es cierto que somos individuos, solamente sobrevivimos en grupo.


Semblanza de Atlacatl

Esta elaboración podría estar a la base de la idealización del cacique indígena y de las desgracias de la población aborigen del territorio cuzcatleco.

Atlacatl

Por el profesor Jorge Lardé

(EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA) 

EL 6 de junio de 1524, Pedro de Alvarado atravesó el río de Paz, penetrando así el primer europeo al territorio hoy salvadoreño.

El día 8, Alvarado se encontró en Acajutla con el primer ejército enviado por Atlacatl. El combate fue reñido. El ejército invasor tuvo muchas pérdidas y el propio Pedro de Alvarado fue herido en el muslo, cuyo hueso fracturado le hizo guardar cama por ocho meses y lo dejó cojo por toda la vida, con una pierna más corta que la otra.

El segundo ejército de Atlacatl se enfrentó a los españoles en Tacuzcalco, el 13 de junio. El combate fue sangriento y decisivo, y el triunfo del ejército de España le abrió el camino a Cuzcatlán.

En esta ciudad, el viejo Atlacatl reunió al Consejo, y creyendo inútil la resistencia acordaron entregar a Cuzcatlán, donde entraron en paz las fuerzas de Alvarado el 17 de junio.

Era Cuzcatlán entonces una ciudad que se extendía desde el Amatepec (cerro de San Jacinto) hasta el Hueytepec (Santa Tecla), al ple de la sierra de los Texacuangos (esa que véis al Sur) y comprendía aún el actual emplazamiento de San Salvador.

Cuzcatlán era entonces una extensa ciudad indiana, pero de casas dispersas, numerosas huertas y calles tortuosas, quedando un núcleo principal en el punto en que hoy está el pueblo del Antiguo Cuzcatlán.

El ejército español, según dice Alvarado, “se aposentó en el Palacio de los príncipes”. Los indios recibieron bien a los conquistadores, les dieron agua, comida y frutas y zacate para las bestias; pero los españoles no correspondieron como debían a esas atenciones y comenzaron a cometer toda clase de abusos y vejámenes con los indios y con las indias, y Alvarado, al día siguiente, mandó a ahorcar al viejo Atlacatl.

"El día 3 Venado, dice el príncipe Xahilá, Atlacatl con sus señores fue matado por los castellanos”.

Ese crimen con los príncipes y la conducta altamente reprensible del ejército invasor, encendieron nuevamente la guerra.

El joven Atlacatl llevó a su pueblo a la sierra de Texacuangos, hacia Panchimalco y Huizúcar, y organizó la resistencia: ¡libertad o muerte!

Alvarado le mandó llamar en nombre del Rey, y Atlacatl —dice Alvarado—, le respondió que “si algo les quería, que allí estaba esperando con sus armas”. (La misma y célebre respuesta que Leónidas dio en las Termópilas).

Envióles Tonatiuh nuevos mensajeros amenazándoles con que si no regresaban les haría la guerra, y que los que fuesen tomados vivos serían esclavos, y los herrarían; pero los mensajeros no volvieron...

Alvarado ordenó el ataque, y los indios mataron once caballos (valor inexplicable en aquella época), lo mismo que a numerosos indios auxiliares, e hirieron a muchos españoles, al mismo que las fuerzas del Señor de Cuzcatlán crecían a cada momento y se situaban ventajosamente, hostilizando a los Invasores, los que se vieron obligados a regresar a Guatemala”.

...Y luego vemos que, a pesar de los sangrientos triunfos de Acajutla y Tacuzcalco, Alvarado regresa a Guatemala sin haber podido someter a los pueblos de la Costa.

El triunfo de Cuzcatlán en contra de las armas de uno de los más grandes imperios del mundo en aquellos tiempos fue tan grande, que el indio tlascalteca que años después escribió en jeroglíficos la historia de esa expedición de Alvarado a Cuzcatlán, no pudo resistir a la tentación de ceñir la frente del joven Atlacatl con la corona del triunfo.

El triunfo de Cuzcatlán hizo comprender a Tonatiuh que no podía llevar a cabo su conquista y dominación si no establecía frente a frente a ese gran pueblo un campamento permanente, provisto de todo, esto es, una villa española con sus indios auxiliares, y así fue que esta villa se fundó aquí mismo con el nombre de San Salvador, el día 1° de Abril de 1525, con lo que se inició de nuevo la guerra, al mismo tiempo que se empezaba la colonización.

El Joven Atlacatl preparaba nuevos ataques a los invasores, mensajeros indianos iban y venían de pueblo en pueblo preparando una acción general en contra de los españoles, y en julio de 1526 el Señor de Cuzcatlán cayó con sus fuerzas sobre la nueva villa española y sus pobladores, que después de un combate con los cuzcatlecos, se vieron obligados a huir hacia el Lempa.

El nuevo triunfo de Cuzcatlán había alejado a los españoles, pero con nuevas fuerzas que les dejó Alvarado (500 indios auxiliares) la guerra continuó con suerte varia.

En 1528 los españoles fijaron la sede de San Salvador lejos de los bravos cuzcatlecos, en la Bermuda, por Suchitoto; pero los triunfos de 1532 y 1535 impusieron la dominación extranjera, y la villa de San Salvador pudo en 1539 trasladarse de la Bermuda a su antiguo asiento, a donde hoy está en Cuzcatlán el viejo.

Atlacatl habla muerto y con él la independencia. Los héroes indianos habían perecido, las indias más hermosas y robustas habían pasado al hidalgo conquistador. Dos sangres y dos razas se fusionaban, en San Salvador Cuzcatlán, y las madres cuzcatlecas recordaban a sus hijos el heroísmo del último Atlacatl e infundían en sus pechos la energía del trabajo y el amor a la independencia.

Y sus hijos, en San Salvador Cuzcatlán, el 5 de Noviembre de 1811 gritaron ¡Independencia! ¡Y la obtuvieron después de diez años de esfuerzos y de luchas!
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Este texto ha sido reproducido de Literatura de El Salvador - Desde la época precolombina hasta nuestros días, primer tomo, de María B. de Membreño, 1959. (Se ha mantenido la ortografía del original; solamente se ha eliminado las tildes en algunas palabras que en la actualidad ya no se tildan).

Alarico, Rey de los Visigodos (394-410)


Alarico I en Atenas

En tiempo muy anterior al comienzo del período conocido como la Edad Media, una tribu de bárbaros llamada los godos vivía al norte del río Danubio, principalmente en la región que ahora ocupa el país que se conoce como Rumanía, que en ese entonces era parte del gran Imperio Romano, el cual tenía en ese momento dos capitales, Constantinopla, y Roma. Los godos habían venido originalmente de las orillas del mar Báltico y se habían asentado en este territorio bajo dominio romano, y los romanos no los habían rechazado. 

Durante el reinado del emperador romano Valente (328-378), algunos de los godos se juntaron en una conspiración contra él, y Valente los castigó por esto cruzando el Danubio y devastando su país, obligándolos a suplicar piedad. El cacique godo tenía miedo de poner un pie en suelo romano, así que él y Valente se encontraron en sus barcos en medio del Danubio e hicieron un tratado de paz.

Durante mucho tiempo, los godos estuvieron en guerra con otros bárbaros llamados los hunos, resultando que a veces, los hunos derrotaban a los godos y los llevaban a sus campamentos en las montañas, y otras, los godos volvían a bajar a las llanuras y derrotaban a los hunos. Finalmente, los godos se cansaron de una lucha tan constante y decidieron que buscarían nuevos asentamientos. Enviaron a algunos de sus principales hombres al emperador Valente para pedirle permiso para establecerse en algún país perteneciente a Roma. Los mensajeros dijeron al emperador:

   —Si nos permiten construir hogares en el campo al sur del Danubio, seremos amigos de Roma y lucharemos por ella cuando necesite nuestra ayuda.

El emperador accedió de inmediato a esta solicitud, expresando a los mensajeros godos:

   —Roma siempre necesita buenos soldados. Su gente puede cruzar el Danubio y establecerse en nuestra tierra. Mientras seas fiel a Roma, te protegeremos de tus enemigos.

Estos godos eran conocidos como visigodos o godos occidentales, para diferenciarlos de otras tribus de godos que se habían establecido en el sur de Rusia, y que se llamaban ostrogodos o godos orientales.

Después de obtener el permiso del emperador Valente, un gran número de visigodos cruzaron el Danubio con sus familias y su ganado y se establecieron en el país que ahora se llama Bulgaria. Con el paso del tiempo se convirtieron en una nación muy poderosa, y en el año 394 eligieron como rey a uno de los jefes llamado Alarico, quien era un hombre valiente y un gran soldado. Incluso se cuenta que cuando era niño se deleitaba con la guerra, y a la edad de dieciséis años luchó con tanta valentía como los soldados mayores.

Una noche, poco después de convertirse en rey, Alarico tuvo un sueño muy extraño. Pensó que conducía un carro dorado por las calles de Roma en medio de los gritos de la gente, que lo aclamaba como emperador. Este sueño dejó una profunda impresión en su mente, y siempre estaba pensando en ello, hasta que por fin empezó a tener la idea de que podía hacer realidad lo que había soñado.

«Ser el amo del Imperio Romano», se dijo a sí mismo, «vale la pena intentarlo; ¿y por qué no debería intentarlo yo? Con mis valientes soldados puedo conquistar Roma, y ​​lo intentaré».

Así que Alarico reunió a sus jefes y les dijo lo que había decidido hacer. Los jefes dieron un grito de alegría porque aprobaron la propuesta por el rey. En aquellos días, la batalla era casi el único asunto de los jefes, y siempre estaban contentos de estar en guerra, especialmente cuando había esperanzas de obtener un rico botín. Y así, los jefes visigodos se regocijaron con la idea de la guerra contra Roma, porque sabían que si obtenían la victoria tendrían la riqueza de la ciudad más rica del mundo para repartírsela entre ellos.

Pronto dispusieron un gran ejército con Alarico al mando, marchando a través de Tracia y Macedonia hasta llegar a Atenas. En esa época no había grandes guerreros en Atenas, y la ciudad se rindió a los invasores. Los godos saquearon las casas y templos de los atenienses y luego marcharon hacia el estado de Elis, en la parte suroeste de Grecia. Allí, un famoso general romano llamado Estilicón los asedió en su campamento, pero Alarico logró abrirse paso a través de las líneas de los romanos y escapó, dirigiéndose a Epiro, una provincia de Grecia que se encontraba en el lado este del Mar Jónico. Arcadio, el emperador de Oriente, nombró a Alarico gobernador de este distrito y de una gran región cercana, que en conjunto se llamaba Iliria Oriental.

Alarico ahora se dispuso a atacar Roma, la capital del Imperio Occidental. Tan pronto como Honorio, emperador de Occidente, se enteró de que Alarico se acercaba, huyó a una fortaleza entre las montañas del norte de Italia. Su gran general Estilicón acudió en su ayuda y derrotó a Alarico cerca de Verona. Pero incluso después de esto, Honorio le tenía tanto miedo al rey visigodo que lo nombró gobernador de una parte de su imperio llamada Iliria Occidental y le dio una gran renta anual. Sin embargo, Honorio no cumplió algunas de sus promesas a Alarico, quien en consecuencia, en el año 408, marchó a Roma y la sitió. El emperador huyó a Rávena, dejando que sus generales hicieran un trato con los invasores, acordándose que Alarico se retiraría de Roma con el pago de 5,000 libras de oro y 30,000 libras de plata. Cuando Honorio leyó el tratado, se negó a firmarlo. El rey visigodo luego exigió que la ciudad le fuera entregada, y la gente, aterrorizada, abrió sus puertas e incluso acordó que Alarico debería nombrar a otro emperador en lugar de Honorio.

Este nuevo emperador, sin embargo, gobernó tan mal que Alarico pensó que era mejor restaurar a Honorio. Entonces Honorio, cuando estaba a punto de ser tratado tanto honor, permitió que un jefe bárbaro que era un aliado suyo atacara a los visigodos. El ataque no tuvo éxito y Alarico inmediatamente puso sitio a Roma por tercera vez. La ciudad fue tomada y el sueño de Alarico se hizo realidad. En gran procesión cabalgaba al frente de su ejército por las calles de la gran capital.

Entonces comenzó la obra de destrucción. Los godos corrieron en multitudes por la ciudad, destruyeron casas privadas y edificios públicos y se apoderaron de todo lo que podían encontrar de valor. Alarico dio órdenes de que no se hiciera daño a las iglesias cristianas, pero otros espléndidos edificios de la gran ciudad fueron despojados de los hermosos y costosos artículos que contenían, y todo el oro y la plata del tesoro público se lo llevaron. En medio del pillaje, Alarico se vistió con espléndidas túnicas y se sentó en el trono del emperador, con una corona de oro en la cabeza.

Mientras Alarico estaba sentado en el trono, miles de romanos se vieron obligados a arrodillarse en el suelo ante él y gritar su nombre como conquistador y emperador.

Luego se abrieron los teatros y circos, y los atletas y gladiadores romanos tuvieron que realizar representaciones para diversión de los conquistadores. Después de seis días de pillaje y placer, el rey visigodo y su ejército atravesaron las puertas, llevando consigo las riquezas de Roma.

Alarico murió cuando se dirigía a Sicilia, que había pensado conquistar también. Sintió venir su muerte y ordenó a sus hombres que lo enterraran en el lecho del río Busento y que depositaran en su tumba los tesoros más ricos que había tomado de Roma. Esta orden se llevó a cabo empleando un gran número de esclavos romanos que se pusieron a trabajar para cavar un canal para desviar el agua del Busento. Hicieron la tumba en el lecho del río, metieron el cuerpo de Alarico y la cerraron. Luego, el río volvió a su antiguo canal. Tan pronto como la tumba fue tapada y el agua corrió sobre ella, los esclavos que habían hecho el trabajo fueron ejecutados por los jefes visigodos.

Resumen de «La Anábasis» de Jenofonte

Por Esteban Balmore Cruz

Autor: Jenofonte (430-454 a.e.c.)
Género: Historia
Ubicación: Imperio Persa y países adyacentes, 401-399 a.e.c.
Primera transcripción: Siglo IV a.e.c.


La Anábasis (La expedición de los Diez Mil) es la narración que hace Jenofonte de uno de los desplazamientos militares más asombrosos de la historia, la marcha de un ejército de diez mil mercenarios griegos desde Babilonia hasta el Mar Negro. El narrador desempeñó un papel destacado en la marcha y llegó a ser, en la práctica, el comandante supremo de las tropas, aunque rechazó el título ofrecido. La historia de la expedición persa comienza con el relato de la tentativa de Ciro, el joven, por arrebatarle el trono a su hermano Artajerjes, luego que éste le encarcelara e intentara ejecutarle, algo que no ocurrió gracias a la intervención de la madre de ambos. Pero la parte principal se refiere al desplazamiento desde Babilonia después de la muerte de Ciro en la batalla de Cunaxa. La narración es vívida y amena, presentando un gran acontecimiento histórico desde la perspectiva de un líder que organizó sus tropas y mantuvo la disciplina combinando la inteligencia con los métodos del liderazgo democrático griego.

Después de la muerte del rey Darío de Persia, su hijo Artajerjes tomó posesión del trono. Ciro, el hijo menor, con el apoyo de su madre, Parisátide, comenzó a formar un ejército para arrebatarle el control de Persia a su hermano. Bajo la pretensión de necesitar tropas para luchar contra el general persa Tisafernes y los pisidas, Ciro adquirió ejércitos del Peloponeso, el Quersoneso, de los tesalios, los beocios, los estinfelos y los aqueos.

Ciro marchó de Sardes a Tarso, reuniendo a los elementos de su ejército; pero en esta última ciudad, las tropas al mando de Clearco se negaron a avanzar, argumentando que no habían sido contratadas para luchar contra el rey. Clearco se enfrentó al motín primero consiguiendo la lealtad de los hombres hacia él (fingiendo que se quedaría con ellos y no con Ciro) y luego apoyando la afirmación de Ciro de que el enemigo no era el rey, sino Abrocomas, uno de los comandantes del rey. Marchando un promedio de veinticuatro kilómetros por día, Ciro condujo a su ejército desde Tarso a Iso, la última ciudad de Cilicia, donde se le unieron barcos del Peloponeso. La marcha continuó por las puertas de Cilicia y a través de Siria sin oposición. Al llegar a la ciudad de Miriando, los comandantes Jenias de Arcadia y Pasion de Mégara desertaron del ejército; sin embargo, Ciro se negó a perseguirlos o castigarlos, declarando que le habían servido bien en el pasado.

El ejército se trasladó al Éufrates hasta la ciudad de Tapsaco, donde finalmente se informó a los soldados griegos de que la campaña iba a ser contra el rey Artajerjes. Al principio, los soldados se negaron a ir más lejos sin más paga, pero cuando Menón condujo sus fuerzas a través del Éufrates para dar un buen ejemplo y ganarse el favor de Ciro, y cuando éste prometió dar a cada soldado una paga adicional, los griegos cruzaron el río, realizando la travesía andando. Dado que el Éufrates solía ser demasiado profundo para tal paso, el ejército se sintió alentado por esta buena señal.

Cuando llegaron al desierto de Arabia, Ciro obligó a las tropas a realizar largas marchas para llevarlas a donde había agua y forraje, manteniendo la disciplina al ordenar a persas de más rango que ayudaran con los carruajes cuando el camino era difícil. Una pelea entre los soldados de Menón y Clearco fue detenida por la advertencia de Ciro de que todos serían destruidos si luchaban entre sí.

Orontes, un comandante persa al servicio de Ciro, que ya antes había guerreado y hecho la paz con él, intentó transferir su ejército a las fuerzas del rey Artajerjes, pero Ciro se enteró del plan al interceptar una carta del traidor al monarca. En un juicio celebrado en la tienda de campaña de Ciro, Orontes fue condenado a muerte, y nunca más le volvieron a ver.

Ciro se movió a través de Babilonia y se preparó para la batalla con el rey, pero cuando las fuerzas de Artajerjes no pudieron tomar una posición en una zanja defensiva que había sido excavada, Ciro procedió con menos precaución, considerando que su hermano rehuía la batalla.

Los dos ejércitos se encontraron en Cunaxa, y los griegos pusieron en fuga a parte de las fuerzas contrarias. Ciro, con seiscientos jinetes persas, cargó contra el centro de la línea enemiga para llegar al rey; pero después de herir a Artajerjes, el propio Ciro murió por un impacto de jabalina. Los soldados de caballería que estaban con Ciro murieron, a excepción de las fuerzas al mando de Arieo, que se retiraron a toda prisa.

Mientras las principales fuerzas griegas al mando de Clearco y Próxeno perseguían a los persas, las tropas del rey irrumpieron en el campamento de Ciro y se apoderaron de sus mujeres, dinero y provisiones. Tisafernes luego se unió a la fuerza del rey y atacó a los griegos, pero estos nuevamente pusieron en fuga a los persas.

Un comandante mensajero del rey Artajerjes intentó obligar a Clearco a rendirse, pero el espartano, considerando a los griegos como vencedores, se negó. Los griegos se aliaron de nuevo con Arieo, que había sido segundo al mando después de Ciro, y le prometieron su apoyo. Cuando Arieo se negó a intentar más batalla contra el rey, la decisión conjunta fue tomar una ruta de regreso más larga, poniendo la mayor distancia posible entre sus fuerzas y el ejército del monarca.

Los griegos iniciaron su marcha y accidentalmente se acercaron al ejército de Artajerjes, atemorizándolo para que se retirara. Luego de esto se concertó una tregua y el rey transfirió suministros a los griegos. Por último se firmó un tratado que proporcionaba salvoconducto al ejército griego, con Tisafernes como escolta. Muchos de los comandantes griegos sospechaban que Tisafernes planeaba alguna artimaña, pero Clearco, tranquilizado por una conferencia que habían tenido, fue al comandante persa con cuatro de sus generales y veinte de sus capitanes para poder señalar a los que habían estado supuestamente calumniándole. Luego, a una señal del embustero Tisafernes, los persas masacraron a los capitanes y tomaron a los generales como prisioneros. Clearco, Próxeno, Menón, Agias y Sócrates, los generales capturados, fueron llevados ante el rey y decapitados por orden suya. Más adelante se descubrió que Arieo había estado involucrado con Tisafernes en este acto de traición. Después de este hecho, Jenofonte, que había acompañado al ejército griego a instancias de su amigo Próxeno, reforzó el valor de sus compatriotas e instó a que se nombraran nuevos generales y capitanes, y el ejército respondió a este decisivo acto de liderazgo.

Mitrídates, un jefe que había estado con Ciro, regresó con los griegos y fingió ser amistoso, pero de repente les atacó y tuvo que ser repelido. Luego, los griegos fueron perseguidos por Tisafernes y acosados por los ataques de los carducos, mientras cruzaban las montañas hacia Armenia. Al enterarse de que Tiríbazo, el gobernador de Armenia Occidental que había prometido a los griegos un pasaje seguro, planeaba atacarlos, los generales griegos ordenaron una incursión a su campamento y luego reanudaron rápidamente la marcha a través de llanuras cubiertas de nieve, por lo que los soldados sufrieron ceguera, congelación y bulimia.

Con el propósito de animar a los soldados, Jenofonte a menudo trabajaba y marchaba junto a ellos. También hizo arreglos para conseguir guías de los armenios y concibió la idea de capturar el paso de montaña más allá del río Fasis, escalando por la noche. Quirísofo y Jenofonte fueron los principales líderes de la marcha.

En el país de los taocos, los griegos se retrasaron por un ataque desde una elevación de la cual se rodaban grandes rocas colina abajo, pero cuando las piedras se agotaron y las fuerzas opuestas, incluidas mujeres y niños, comenzaron a saltar al precipicio, los griegos tomaron posesión. Finalmente, después de luchar contra los cálibes, los griegos vieron el mar a su llegada a Trapezunte.

Quirísofo fue enviado para asegurar los barcos, y los griegos, que ahora contaban con 8,600 soldados de sus diez mil originales, continuaron saqueando en expediciones de suministros en las áreas enemigas. Cuando Quirísofo se retrasó, los barcos disponibles se cargaron con los enfermos, heridos, mujeres, niños y equipaje, mientras que el resto del ejército continuó por tierra. Después de abrirse camino a través del país de los bárbaros mosinecos, los griegos llegaron al Ponto Euxino. Allí, Jenofonte consideró fundar una ciudad, pero rechazó la idea cuando los demás se le opusieron. Además, algunos de los generales criticaron las medidas disciplinarias de Jenofonte, pero pudo defenderse de sus cargos.

Los griegos compraron alimentos y también saquearon los suministros de los paflagonianos. Durante su estancia en ese territorio, los capitanes fueron a Jenofonte y le pidieron que fuera comandante en jefe del ejército, pero después de reflexiones y sacrificios a los dioses decidió que sería mejor, tanto para él como para el ejército, si se mantenía el mando dividido o era entregado a otro hombre, por lo que Quirísofo fue elegido comandante en jefe, y Jenofonte aceptó voluntariamente un puesto subordinado.

Para entonces, los griegos tenían suficientes barcos para transportar a todos sus hombres, y navegaron a lo largo de la costa de Paflagonia desde Harmena, el puerto de Sinope, hasta Heraclea, una ciudad griega en el país de los mariandinos. El ejército luego se dividió en tres partes debido a un desacuerdo sobre la demanda de suministros de Fleraclea. Los arcadios y aqueos, que favorecieron la demanda, formaron un solo cuerpo; Quirísofo, que ya no tenía el mando supremo, encabezó un segundo cuerpo de tropas; y Jenofonte comandó el resto. Los arcadianos desembarcaron en Tracia y atacaron algunas aldeas, metiéndose en dificultades, pero fueron rescatados por Jenofonte y su fuerza. Los tres ejércitos se reunieron en el puerto de Calpe.

Fueron muchos los griegos asesinados por los bitinios mientras buscaban suministros, pero finalmente las fuerzas griegas lograron la victoria sobre ellos. Una disputa entre Cleandro, el gobernador espartano de Bizancio, y Agasias, un capitán que había rescatado a uno de sus hombres del arresto de Dexipo, un griego traidor que actuaba por orden de Cleandro, fue resuelta por la diplomacia de Jenofonte.

Finalmente, el ejército cruzó el estrecho de Asia a Bizancio. Después de algunas dificultades con Anaxibio, un almirante espartano en Bizancio, los griegos unieron fuerzas con el rey Seutes de Tracia y tomaron parte en numerosas incursiones en las aldeas de la comarca en busca de suministros. Cuando el rey Seutes retuvo la paga a los griegos, se culpó a Jenofonte; pero después de una larga investigación, durante la cual Jenofonte fue acusado de estar demasiado preocupado por el bienestar del soldado ordinario, el rey Seutes finalmente les dio a los griegos el dinero que les correspondía.

Jenofonte condujo al ejército fuera de Tracia navegando hasta Lámpsaco, atravesando la Troáde y cruzando el monte Ida hasta la llanura de Tebe. Desde allí, pasando por Adramitis y Citonio, alcanzaron la llanura del Caico y entraron en Pérgamo, ciudad de Misia, en donde Jenofonte llevó a cabo una incursión parcialmente exitosa contra el persa de Asidates. Luego entregó el ejército griego a Tibrón, el comandante espartano, que usó a los griegos para la guerra contra Tisafernes y Farnabazo, un gobernador persa.

Cronología Abreviada de la Antigua Roma



753 a.e.c.

Según la tradición, se fundó Roma.

510 a.e.c.

La dinastía etrusca de los Tarquines fue expulsada y se estableció una república, con el poder concentrado en manos de los patricios.

450 a.e.c.

Publicación del código legal contenido en las Doce Tablas.

396 a.e.c.

Captura de la ciudad etrusca de Veyes, a 16 kilómetros al norte de Roma.

387 a.e.c.

Roma es saqueada por los galos.

367 a.e.c.

Los plebeyos obtuvieron el derecho a ser cónsules (los dos magistrados principales, elegidos anualmente).

343-290 a.e.c.

Fueron conquistados los sabinos al norte y los samnitas al sureste.

338 a.e.c.

Las ciudades del Latium se formaron en una liga bajo control romano.

280-272 a.e.c.

Fueron sometidas las ciudades griegas del sur de Italia.

264-241 a.e.c.

Primera Guerra Púnica contra Cartago, que finaliza con una victoria romana y la anexión de Sicilia.

238 a.e.c.

Cerdeña es arrebatada a Cartago.

226-222 a.e.c.

Conquista romana de la Galia cisalpina (Lombardía, Italia). Más conflicto con Cartago, que intentaba conquistar España.

218 a.e.c.

Segunda Guerra Púnica. Aníbal cruzó los Alpes e invadió Italia, obteniendo una serie de brillantes victorias.

202 a.e.c.

La victoria del general Escipión el Africano sobre Aníbal en Zama fue seguida por la rendición de Cartago y la renuncia de sus colonias españolas.

188 a.e.c.

La paz de Apamea confinó el gobierno del rey seléucida Antíoco el Grande a Asia.

168 a.e.c.

Derrota final de Macedonia por Roma.

146 a.e.c.

Después de una revuelta, Grecia se convirtió en una provincia romana. Cartago fue destruida y su territorio anexado.

133 a.e.c.

Tiberio Graco sugirió reformas agrarias y fue asesinado por el partido senatorial. La provincia romana de Asia se formó a partir del reino de Pérgamo, legado a Roma por la dinastía Atálida.

123 a.e.c.

La política de Tiberio fue adoptada por su hermano, Cayo Graco, que también fue asesinado.

91-88 a.e.c.

La revuelta de las ciudades italianas obligó a Roma a conceder la ciudadanía a todos los italianos.

87 a.e.c.

Mientras Sila (Lucio Cornelio Sila Félix) repelía una invasión de Grecia por parte del rey Mitrídates del Ponto, en Asia Menor, Mario tomó el poder.

82-79 a.e.c.

Sila regresó y estableció una dictadura regida por el terror.

70 a.e.c.

Pompeyo y Craso revocaron los cambios constitucionales de Sila.

66-63 a.e.c.

Pompeyo derrotó a Mitrídates y anexó Siria.

60 a.e.c.

Se formó el Primer Triunvirato, una alianza entre Pompeyo y los líderes democráticos Craso y César.

51 a.e.c.

César conquistó la Galia hasta el río Rin.

49 a.e.c.

César cruzó el río Rubicón y regresó a Italia; comenzó una guerra civil entre él y el partido senatorial de Pompeyo.

48 a.e.c.

Pompeyo es derrotado en Farsala.

44 a.e.c.

La dictadura de César terminó con su asesinato.

43 a.e.c.

Segundo Triunvirato formado por Octavio, Marco Antonio y Lépido.

32 a.e.c.

Guerra entre Octavio y Marco Antonio.

31 a.e.c.

Marco Antonio es derrotado en Accio.

30 a.e.c.

Egipto fue anexado después de la muerte de Marco Antonio y Cleopatra.

27 a.e.c.

Octavio tomó el nombre de Augusto. Para entonces era ya gobernante absoluto, aunque en el título solo era princeps (primer ciudadano).

14 e.c.

Augusto murió, y Tiberio se proclamó como su sucesor.

43

Claudio añadió Gran Bretaña al imperio.

70

Jerusalén saqueada por Tito.

96-180

El imperio disfrutó de una edad de oro bajo los emperadores Flavio y Antonino; Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio Antonino.

115

Trajano conquistó Partia, alcanzando la cima de la expansión territorial romana.

180

Muerte de Marco Aurelio, a lo que siguió un siglo de guerra y desorden, con una sucesión de generales que fueron puestos en el trono por sus ejércitos.

212

Caracalla otorgó la ciudadanía a las comunidades del imperio.

284-305

Diocleciano reorganizó el imperio, dividiendo el poder entre él y otros tres, la tetrarquía.

313

Constantino el Grande reconoció el derecho de los cristianos a la libertad de culto mediante el Edicto de Milán.

330

Constantino hizo de Constantinopla su nueva capital imperial.

395

El imperio se dividió en las partes Oriental y Occidental.

410

Los visigodos saquearon Roma; las legiones romanas se retiraron de Gran Bretaña.

451-452

Los hunos asaltaron Galia e Italia.

455

Los vándalos saquearon Roma.

476

El último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, depuesto.

Cronología Abreviada de la Antigua Grecia


1600-1200 a.e.c.

La primera civilización griega, conocida como micénica, le debe mucho a la civilización minoica de Creta y puede haber sido producida por la unión marital mixta de invasores de habla griega con los habitantes originales.

1300 a.e.c.

Dio comienzo una nueva ola de invasiones. Los aqueos invadieron Grecia y Creta, destruyeron las civilizaciones minoica y micénica, y penetraron en Asia Menor.

1000 a.e.c.

Eolios, jonios y dorios se habían asentado en el área que ahora es Grecia. Se habían desarrollado muchas ciudades-estado independientes, como Esparta y Atenas.

800-500 a.e.c.

Durante el período Arcaico, los griegos jónicos lideraron el desarrollo de la filosofía, la ciencia y la poesía lírica. Los griegos se convirtieron en grandes comerciantes marítimos y fundaron colonias alrededor de las costas del Mar Mediterráneo y el Mar Negro, desde Asia Menor en el este hasta España en el oeste.

776 a.e.c.

Celebración de los primeros Juegos Olímpicos.

594 a.e.c.

Las leyes de Solón fueron el primer paso hacia una sociedad más democrática.

560-510 a.e.c.

La llamada tiranía de los Pisístratos en Atenas, fue típica de una etapa predemocrática por la que pasaron muchas ciudades griegas después de derrocar el dominio aristocrático.

545 a.e.c.

A partir de esta fecha, las ciudades jónicas de Asia Menor cayeron bajo el dominio del Imperio Persa.

507 a.e.c.

A Clístenes, gobernante de Atenas, se le atribuye el establecimiento de la democracia. Otras ciudades siguieron este ejemplo, pero Esparta siguió siendo la excepción, un estado en el que una raza gobernante, organizada en líneas militares, dominaba a la población circundante.

500-338 a.e.c.

El período clásico en la antigua Grecia.

499-494 a.e.c.

Las ciudades jónicas, ayudadas por Atenas, se rebelaron sin éxito contra los persas.

490 a.e.c.

Darío de Persia invadió Grecia, solo para ser derrotado por los atenienses en Maratón, y obligado a retirarse.

480 a.e.c.

Otra invasión del emperador persa Jerjes, después de ser retrasada por la heroica defensa de las Termópilas por 300 espartanos, fue derrotada en el mar, frente a Salamina.

479 a.e.c.

Los persas son derrotados en tierra, en Platea.

478 a.e.c.

Las ciudades jónicas, ahora liberadas, formaron una alianza naval con Atenas. La alianza es llamada la Liga de Delos.

468 a.e.c.

Nace el gran filósofo griego Sócrates, en Alopeke.

455-429 a.e.c.

Bajo Pericles, el líder democrático de Atenas, el teatro, la escultura y la arquitectura griegas logran su mayor apogeo.

433 a.e.c.

Se finaliza la construcción del Partenón de Atenas.

431-404 a.e.c.

La guerra del Peloponeso destruyó el poder político de Atenas, pero el pensamiento y la cultura atenienses siguieron siendo influyentes. Esparta se convirtió en la principal potencia del entorno griego.

425 a.e.c.

La comedia Los Acarnienses es presentada por Aristófanes, siendo la primera firmada con su propio nombre. Fue actuada en el Festival Leneas de Atenas, en enero, obteniendo el primer lugar.

370 a.e.c.

El filósofo Platón abrió su Academia en Atenas.

338 a.e.c.

Felipe II de Macedonia (359-336 a.e.c.) aprovechó las guerras entre las ciudades-estado y conquistó Grecia.

386-323 a.e.c.

Gobierna el hijo de Felipe, Alejandro Magno. Alejandro derrocó al Imperio Persa, conquistó Siria y Egipto e invadió el Punjab. Después de su muerte, el imperio se dividió entre sus generales, pero sus conquistas habían propagado la cultura griega por todo el mundo conocido en ese entonces.

280 a.e.c.

Se establece la liga aquea de 12 ciudades-estado griegas, formada en un intento por mantener la independencia contra Macedonia, Egipto y Roma.

146 a.e.c.

Grecia pasó a formar parte del Imperio Romano. Bajo el dominio romano, Grecia siguió siendo un centro cultural y la cultura helénica siguió siendo influyente.

Resumen de la Obra «El Jugador»

Por Esteban Balmore Cruz


Tipo de obra: Novela corta
Autor: Fiódor Dostoyevski (1821-1881)
Género: Realismo
Ubicación: Principalmente una ciudad turística en Alemania; y París, Francia; primera mitad de la década de 1860
Primera publicación: 1867
Personajes principales:

Alekséi Ivánovich, un joven profesor privado empleado por el General Zagorianski para instruir a su hija e hijo menores.
El General Zagorianski, un endeudado, pero pretencioso propietario que cifra todas sus esperanzas en la muerte próxima de una tía que le heredaría una fortuna.
Antonida Vasílevna, la rica tía del General.
Polina Aleksándrovna, hijastra del General, atada sentimentalmente a Des Greieux.
Míster Astley, un rico inversionista inglés, tímido, pero íntegro.
Marqués Des Grieux, un impostor que gana dinero haciendo préstamos con usura a los jugadores.
Blanche de Cominges, impostora que finge corresponder las pretensiones románticas del General, interesada en su herencia.

Comentario Breve

Habiendo sido un jugador adicto buena parte de su vida, Fiódor Dostoyevski escribió esta novela con el conocimiento debido; haciendo una descripción detallada de la atracción irresistible que los juegos de azar ejercen en jóvenes y viejos por igual, particularmente el de la ruleta. Exceptuando el enamoramiento de Polina por el falso marqués francés y la inclinación de Alekséi por la tortura de sí mismo, El Jugador parece —comparativamente— un rayo de luz en el mundo tétrico del arte de este autor ruso, y este efecto podría explicarse en el trasfondo de un moderno centro de aguas curativas en Alemania, con su clientela de trashumantes de diferentes nacionalidades. Terminada en un periodo de 26 días, debido a la premura de un compromiso contractual con un agente inescrupuloso, alguno que otro personaje está poco más que delineado a la ligera. En esta novela destacan particularmente los personajes femeninos, ya que tanto Antonida Vasílevna como Polina y Blanche de Cominges, son las dinamizadoras de la acción. Por otra parte, esta obra ha sido adaptada varias veces en diferentes películas, siendo la primera en 1949, y la última en 2014.

Resumen

Después de haber pasado dos semanas en París, Alekséi Ivanovitch regresó al centro turístico de Roulettenburg, en Alemania, en donde fungía como profesor privado en la casa de la familia de un general ruso que se había radicado en esa ciudad con la intención de reponer su disminuida fortuna, esperanzado en la herencia que le dejaría una tía, que se suponía moriría pronto. El general cortejaba a la señorita Blanche de Cominges, una joven francesa aparentemente rica, de visita en la ciudad, y quien únicamente estaba interesada en la fortuna que éste heredaría. Polina, la hijastra del general, mantenía una relación a hurtadillas con el supuesto pariente lejano de Blanche, el marqués Des Grieux. Por su parte, Alekséi estaba prendido de Polina; la amaba profundamente y aceptaba cualquier humillación, hasta el punto de obedecer lo que ella le ordenara, sin reparar en las consecuencias.

A petición de Polina, Alekséi aceptó ir al casino y jugar con el dinero que ella le dio, y después de ganar una cantidad pequeña, presintió que su estadía en Roulettenburg afectaría seriamente su vida. Creyendo que no podía perder en las mesas de juego, Alekséi le dijo a Polina que de allí en adelante apostaría solo para él; pero la joven, conociendo el poder que ejercía sobre su pretendiente, le convenció fácilmente de que compartiera sus ganancias con ella.

Míster Astley, un joven inglés acomodado, llegó a Roulettenburg y (para disgusto del general) distrajo la atención de la señorita Blanche, que se estaba cansando de esperar a que muriera la tía del militar, que telegrafiaba a Moscú diariamente para preguntar por el estado de la anciana, de quien estaba seguro, heredaría una fortuna que le permitiría pagar a sus acreedores y asegurar su futuro económico. Míster Astley, sin embargo, pronto puso en evidencia que estaba enamorado de Polina.

Alekséi Ivanovitch sospechaba que la pareja francesa eran impostores y quería escapar de las maquinaciones que saturaban su existencia en Roulettenburg; pero su pasión por Polina le retenía fuertemente. En el casino perdió una gran cantidad de dinero de ella. El dinero que había traído de París para el General, había renovado el interés por parte de la Blanche en él. Todo parecía indicar que Zagorianski estaba endeudado cuantiosamente con Des Grieux.

Incapaz de ganar con el dinero de Polina, Alekséi se ofreció a ganar con el suyo propio y prestarle lo que quisiera. Él esperaba poder ganarse su amor haciéndose rico a través del juego. Le confesó su ardiente enamoramiento y cuando le dijo que incluso podía cometer un crimen por ella, ésta le ordenó con picardía que se burlara de una baronesa alemana malhumorada que pasaba con su esposo. Después de que Alekséi insultara descaradamente a los alemanes, pese a que mentalmente consideraba aberrante su comportamiento, fue despedido por el general, pero logró mantener el respeto cuando le dijo a su empleador que era capaz de disculparse por sí mismo, y que, como persona independiente, se oponía al trato condescendiente del general que decía haberse disculpado con el barón por él. El general, temeroso de las consecuencias de los arranques impetuosos de Alekséi, intentó apaciguarle sin éxito.

Des Grieux, actuando como mediador, le dijo a Alekséi que cualquier otra indiscreción de su parte podría arruinar las posibilidades de que el general se casara con la señorita Blanche. También prometió que el general le volvería a contratar pronto y que, mientras tanto, continuaría pagándole su salario; pero el aludido manifestó estar dispuesto a batirse en un duelo con el barón. Des Grieux luego sacó una carta de Polina pidiéndole a Alekséi que abandonara el asunto. El joven obedeció aunque sabía con certeza que Polina amaba al mensajero.

Míster Astley confirmó indirectamente las sospechas de Alekséi de que Blanche y Des Grieux eran aventureros sin vínculo familiar. Durante anteriores hazañas en Roulettenburg, Blanche había hecho insinuaciones al barón y, siguiendo las instrucciones de la baronesa, la policía la escoltó fuera del casino. Alekséi sospechaba que el general estaba en deuda con Blanche y que Polina estaba involucrada con la pareja francesa.

La anciana tía del general, Antonida, llegó de Moscú con un gran séquito, muy viva y enérgica, burlándose perversamente del sobrino por sus urgentes solicitudes y le criticó por dilapidar la herencia de sus hijos. El general quedó visiblemente conmocionado por su llegada. La anciana acompañada por todos y guiada por Alekséi, visitó el casino y ganó fabulosamente en las mesas de juego, prodigando dinero a sus sirvientes y mendigos, pero reafirmando que jamás daría nada a su sobrino.

Polina acrecentó el enigma para Alekséi cuando le pidió que le entregara una carta a Astley. A pesar de las súplicas del general al joven profesor para evitar que Antonida siguiera apostando su fortuna, la anciana continuó frecuentando el casino, que obsesionada con la fiebre de ganar, perdió mucho. Cuando se preparó para regresar a Moscú, invitó a Polina a regresar con ella, pero la joven se negó. Antonida, incapaz de resistir un último intento en las mesas de juego, volvió a perder mucho, incluyendo el efectivo de bonos que convirtió a bajo precio. La anciana ahora no poseía nada más que tierras y las casas que había en ellas, y tuvo que pedir dinero prestado a Astley para regresar a Rusia.

Considerando perdida la herencia del general en la ruleta, Blanche y Des Grieux rompieron relaciones con él y se dispusieron a marcharse. Zagorianski era un hombre arruinado y Polina estaba distraída por la inminente pérdida de Des Grieux, pero su encantamiento se quebró cuando el falso marqués le ofreció dinero de consolación procedente del producto de la propiedad de su padrastro, hipotecada a su favor. En apuros, Polina se volvió hacia Alekséi, quien fue al casino y ganó una fortuna para que ella se la arrojara en la cara a Des Grieux. Ella pasó la noche con Alekséi en la habitación de él; pero a la mañana siguiente tomó el dinero ofrecido y se lo arrojó a la cara, yéndose al hotel donde se hospedaba Astley.

Cuando Alekséi iba en busca del general, fue interceptado por Blanche que se mostró seductora con él y le convenció de marcharse con ella a París, donde vivieron juntos por un mes, mientras ella gastaba sus ganancias. Cansada de la vida de una aventurera, la señorita Blanche, persuadida por Alekséi, decidió casarse con el general.

Alekséi era ahora un jugador confirmado y regresó a las mesas de juego de las ciudades turísticas alemanas. Una vez fue a la cárcel por deudas y una persona anónima pagó su multa. En Homburg encontró a Astley quien le dijo que Polina, recuperándose de una enfermedad, estaba en Suiza con familiare suyos. Mientras tanto, el general había muerto de un derrame cerebral en París, y Blanche había recibido su herencia de Antonida, que había muerto en Moscú. Alekséi le recordó a Astley con pesar el enamoramiento de Polina por Des Grieux y se sintió momentáneamente esperanzado cuando Astley le dijo que Polina le había enviado a Homburg para traer a Alekséi de regreso con ella; pero el joven profesor estaba consciente de que no tenía otra opción, en realidad, puesto que había entregado su corazón y su alma al juego.


Sobre los Orígenes de la Fuerza Armada de El Salvador

En esta nota, parte de un libro publicado a principios del año 1917, se hace un esbozo de lo que era el Ejército salvadoreño en sus inicios, con la tentativa de realzar los avances logrados hasta el momento de su elaboración. (Cualquier remanente en la actualidad sería pura coincidencia).

Doctor Enrique Córdova
Ministro de Guerra, 1917


Ejército Nacional

En este importante ramo de la Administración pública El Salvador marcha a la vanguardia entre los países de la América Central. Nosotros no hemos tenido Ejército, en el concepto elevado y noble de esa palabra, sino más bien aglomeraciones de soldados más o menos decididos para pelear, más o menos remisos para organizarse, más o menos pacientes para someterse a las ásperas disciplinas del cuartel.

Cualquier desalmado que tuvo la fortuna de tomarse una trinchera y aprovechó el trance para echarse a tierra de un machetazo al infeliz que la defendía, se jactaba de ser un Jefe del Ejército, sin saber lo que aquello significase ni tener la más remota idea del honor militar ni de la táctica ni de la estrategia ni de la dignidad y las virtudes del soldado.

Un poco de petulancia callejera en el porte, un gesto agrio en el semblante, una buena dosis de alcohol entre pecho y espalda para encender el coraje, un revólver al cinto y una charpa en la mano, allí teneis el bosquejo de uno de nuestros bravos guerreros antiguos, en el momento de encabezar su patrulla para lanzarse a los bochinches de arrabal. Ser altanero con todo el mundo, indisciplinado en el cuartel, feroz en las embestidas, cruel con los indefensos y echar gritos y palabrotas en señal de valentía, tales eran los decorativos atributos que se necesitaban para merecer la consideración y los honores de una alta reputación militar.

Y así vivíamos en nuestras fraternales peloteras, tirándonos los trastos a la cara por un quítame allá esas pajas. Y así también nos dábamos el lujo de tumbar y reponer presidentes, en nombre de la democracia y de la libertad, y de andar correteando por los vecinos trigales para vengar agravios, desfacer entuertos y arreglar insufribles sinrazones. Por supuesto que para mantener la disciplina en tantas evoluciones los buenos jefes no tenían otros recursos que el machete y el revólver; plomo y filo lo arreglaban todo: orden en los cuarteles y en las marchas, precisión en los movimientos y bravura en los combates.

Tal era en tiempos anteriores la triste situación de nuestros llamados Ejércitos.

Pero la experiencia y la civilización vinieron modificando poco a poco la vida y el carácter de nuestras organizaciones militares. Buenos jefes del país, que habían viajado por el extranjero, trataban de implantar a su regreso las mejoras observadas; la escuela iba haciendo también su lenta pero firme labor de mejoramiento y de cultura y el ambiente social, saturado de principios modernos, influía en el ánimo de los directores de la cosa pública para inclinarlos a efectuar reformas indispensables en las instituciones que afirman y garantizan la vida del Estado.

Se había principiado a disciplinar y a dar instrucción elemental a los reclutas; se les enseñaba el manejo de las armas y algunos principios de moral militar, relativos a las obligaciones y deberes del soldado; se les adiestraba en ejercicios y evoluciones y se hacía lo posible, en fin, por mejorar sus condiciones y capacidad para la carrera. En algunas partes se hacía llegar a profesores extranjeros para que diesen instrucción, aislada y ocasionalmente, en ciertos pueblos y cuarteles.

Se vislumbraban los primeros lineamentos de los cuerpos militares, organizados técnicamente. Se vieron en las guerras las ventajas de esa organización, de la disciplina y del orden, de la previsión, de la prudencia y del buen aprovisionamiento; se iba sintiendo poco a poco un bien fundado orgullo nacional por la institución del Ejército y por la gloria de sus armas, y así se fue quedando atrás, relegada para la historia, la primitiva improvisación guerrera que nos hizo vivir en sobresaltos y malgastar muchas veces la sangre del pueblo en las más brutales carnicerías.

El progreso que invadía las esferas de la Administración pública, llegaba también a las instituciones militares; la Escuela penetraba en el Cuartel, la ciencia trataba de dominar a la rutina, el valor consciente se imponía a la ferocidad salvaje y los sentimientos de honor y de justicia se iban infiltrando en el alma de los oficiales, encargados de manejar las tropas y de conducirlas a un destino superior en la sociedad y en la guerra.

Pero no se puede decir que hayamos tenido Ejército, sino hasta después de haber fundado colegios y academias militares destinados a la enseñanza científica y puramente técnica que se requiere para empujar hacia una esfera de honorabilidad y alto prestigio la carrera de las armas.

General Adán Molina Guirola
Jefe Militar del departamento de Santa Ana
1917

Ha sido una labor ardua y penosa en todos los países la de elevar el Ejército a la condición de una entidad social que no sea una amenaza, sino más bien una fuerza protectora del derecho.

Hermanar las dos entidades, la entidad legal y la entidad militar, ha sido el más generoso empeño de la civilización en todos los pueblos y al través de todos los períodos de la historia.

Discurriendo sobre este punto el notable publicista centroamericano, doctor don Salvador Rodríguez González, que tiene el don de cautivar con la magia de su verbo y con el magnífico esplendor de sus ideas, decía en cierta memorable ocasión:

«A diferencia de otras instituciones sociales que nacen como el infusorio, y que al través de las evoluciones progresivas de su historia se transforman en poderosos organismos, el poder militar, o sea el Ejército, desde los pristinos albores de la Sociedad nace vigoroso y robusto, como aquel dios de la fábula griega que estrangulaba serpientes en su cuna.

»A medida que se remonte en el curso ascendente de la humanidad hacia su origen, escúchase un rumor de que está llena toda la Historia; un rumor semejante al de la lejana tempestad: es el ruido estruendoso de la lucha secular entre el poder militar y la potestad civil

»Ese duelo a muerte no ha concluido aún, ni concluirá jamás. Es la antítesis suprema de la vida en la Historia, es la lucha eterna entre la idea y la materia, entre la fuerza y el derecho.

»Pero si esta oposición de los dos elementos que forman la vida humana constituye el equilibrio de las sociedades, natural es que la solución de la antítesis no estribe en la destrucción del uno para que el otro prevalezca. El armonioso kraussista ha encontrado una fórmula de conciliación que hace convivir en fraternal unión, dentro del organismo social, al Estado, representante y Órgano del Derecho, y al Ejército, poder de ejecución de ese mismo Derecho.

»Sin embargo, las instituciones militares así perfeccionadas no pueden ser evidentemente la feliz improvisación de ningún hombre de genio, ni siquiera la obra espontánea de una generación; bastará apenas para semejante creación que la vida entera de un pueblo haga converger hacia ese objetivo único todo lo que puede tener de inteligencia y de esfuerzos pacientes en la experimentación de los sistemas militares por los que han pasado las evoluciones sucesivas de los ejércitos modernos.

»Una ley social domina ese movimiento generoso que propende a poner la fuerza al servicio del Derecho, y consiste en que a toda revolución social y política, corresponde un cambio análogo en las instituciones militares de un pueblo».

Así se ve que a nuestros avances en todos los órdenes del mejoramiento social, ha debido corresponder, por ley histórica, una mejor organización de nuestro sistema militar, el progreso tenía que imponerse también en esa rama de la Administración pública que ahora se desarrolla robusta y majestuosa, en el conjunto armónico de todos los elementos que constituyen el organismo del Estado.

Ahora hay Ejército en la República de El Salvador, y este Ejército ocupa un puesto de vanguardia entre los otros de Centro América. Hay un brillante cuerpo de Jefes y Oficiales, educados a la moderna, que difunden amplios conocimientos y nociones de moralidad y de cultura entre los militares de las organizaciones subalternas; hay magníficos cuarteles, bien dotados y mantenidos, para el alojamiento de las tropas con comodidad, higiene y disciplina; hay códigos, leyes y reglamentos para la justicia, los estímulos, la educación técnica y la regularización de todos los movimientos del Ejército. La Nación cuenta con un magnífico y abundante armamento para la defensa de su Soberanía y para el mantenimiento del orden interior.

El Ministerio de la Guerra es el centro del sistema militar del país, encargado de organizar y reglamentar el Ejército. Bajo la inmediata dependencia del Ministerio labora el Estado Mayor Central, compuesto de un personal seleccionado de Jefes y Oficiales.

Al Estado Mayor corresponde:

1o Dirigir la alta instrucción del Ejército.
2o Organizar la preparación del mismo para la guerra.

El Ejército se compone de:

  3 Divisiones,
  6 Brigadas,
12 Regimientos de Infantería,
  3 Regimientos de Artillería y
  1 Regimiento de Caballería.

Todos con la dotación necesaria y muy bien preparados para el caso de una movilización rápida.

Todos los cuerpos militares accionan de conformidad con los Reglamentos y Ordenanzas y con los principios científicos más avanzados. El servicio sanitario militar, constantemente preocupado por el cumplimiento de sus deberes, trabaja asiduamente bajo una organización metódica.

Los principales miembros de la Oficialidad salen de la Escuela Politécnica Militar, que es el primer centro de educación e instrucción en la materia, existente en el país.

Los principales cuarteles de la capital son los siguientes:

El Primer Regimiento de Infantería,
El Primer Regimiento de Artillería,
El 6o Regimiento de Infantería,
La Maestranza del Ejército,
El 2o Regimiento de Artillería,
Los Regimientos 5o y 7o de Infantería.

Están alojados en edificios modernos o modernizados, que reúnen todas las condiciones indispensables para el buen funcionamiento y para la seguridad y bienestar de los oficiales y la tropa.

El servicio militar es obligatorio, en caso de guerra, para todos los salvadoreños de 18 a 50 años de edad.

En un período como de diez y seis años de trabajo paciente y laborioso se ha logrado constituir aquí un verdadero ejército, que puede poner en pie de guerra, cuando la vida nacional así lo exija, hasta cien mil hombres perfectamente equipados y dispuestos a sacrificarse por la Patria.

(Se ha respetado la ortografía del original, actualizando solamente la acentuación de algunas palabras).

Tomado de:

El Salvador Al Vuelo
Notas, Impresiones Y Perfiles, 1917
Por Alejandro Bermúdez

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