Semblanza de Atlacatl

Esta elaboración podría estar a la base de la idealización del cacique indígena y de las desgracias de la población aborigen del territorio cuzcatleco.

Atlacatl

Por el profesor Jorge Lardé

(EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA) 

EL 6 de junio de 1524, Pedro de Alvarado atravesó el río de Paz, penetrando así el primer europeo al territorio hoy salvadoreño.

El día 8, Alvarado se encontró en Acajutla con el primer ejército enviado por Atlacatl. El combate fue reñido. El ejército invasor tuvo muchas pérdidas y el propio Pedro de Alvarado fue herido en el muslo, cuyo hueso fracturado le hizo guardar cama por ocho meses y lo dejó cojo por toda la vida, con una pierna más corta que la otra.

El segundo ejército de Atlacatl se enfrentó a los españoles en Tacuzcalco, el 13 de junio. El combate fue sangriento y decisivo, y el triunfo del ejército de España le abrió el camino a Cuzcatlán.

En esta ciudad, el viejo Atlacatl reunió al Consejo, y creyendo inútil la resistencia acordaron entregar a Cuzcatlán, donde entraron en paz las fuerzas de Alvarado el 17 de junio.

Era Cuzcatlán entonces una ciudad que se extendía desde el Amatepec (cerro de San Jacinto) hasta el Hueytepec (Santa Tecla), al ple de la sierra de los Texacuangos (esa que véis al Sur) y comprendía aún el actual emplazamiento de San Salvador.

Cuzcatlán era entonces una extensa ciudad indiana, pero de casas dispersas, numerosas huertas y calles tortuosas, quedando un núcleo principal en el punto en que hoy está el pueblo del Antiguo Cuzcatlán.

El ejército español, según dice Alvarado, “se aposentó en el Palacio de los príncipes”. Los indios recibieron bien a los conquistadores, les dieron agua, comida y frutas y zacate para las bestias; pero los españoles no correspondieron como debían a esas atenciones y comenzaron a cometer toda clase de abusos y vejámenes con los indios y con las indias, y Alvarado, al día siguiente, mandó a ahorcar al viejo Atlacatl.

"El día 3 Venado, dice el príncipe Xahilá, Atlacatl con sus señores fue matado por los castellanos”.

Ese crimen con los príncipes y la conducta altamente reprensible del ejército invasor, encendieron nuevamente la guerra.

El joven Atlacatl llevó a su pueblo a la sierra de Texacuangos, hacia Panchimalco y Huizúcar, y organizó la resistencia: ¡libertad o muerte!

Alvarado le mandó llamar en nombre del Rey, y Atlacatl —dice Alvarado—, le respondió que “si algo les quería, que allí estaba esperando con sus armas”. (La misma y célebre respuesta que Leónidas dio en las Termópilas).

Envióles Tonatiuh nuevos mensajeros amenazándoles con que si no regresaban les haría la guerra, y que los que fuesen tomados vivos serían esclavos, y los herrarían; pero los mensajeros no volvieron...

Alvarado ordenó el ataque, y los indios mataron once caballos (valor inexplicable en aquella época), lo mismo que a numerosos indios auxiliares, e hirieron a muchos españoles, al mismo que las fuerzas del Señor de Cuzcatlán crecían a cada momento y se situaban ventajosamente, hostilizando a los Invasores, los que se vieron obligados a regresar a Guatemala”.

...Y luego vemos que, a pesar de los sangrientos triunfos de Acajutla y Tacuzcalco, Alvarado regresa a Guatemala sin haber podido someter a los pueblos de la Costa.

El triunfo de Cuzcatlán en contra de las armas de uno de los más grandes imperios del mundo en aquellos tiempos fue tan grande, que el indio tlascalteca que años después escribió en jeroglíficos la historia de esa expedición de Alvarado a Cuzcatlán, no pudo resistir a la tentación de ceñir la frente del joven Atlacatl con la corona del triunfo.

El triunfo de Cuzcatlán hizo comprender a Tonatiuh que no podía llevar a cabo su conquista y dominación si no establecía frente a frente a ese gran pueblo un campamento permanente, provisto de todo, esto es, una villa española con sus indios auxiliares, y así fue que esta villa se fundó aquí mismo con el nombre de San Salvador, el día 1° de Abril de 1525, con lo que se inició de nuevo la guerra, al mismo tiempo que se empezaba la colonización.

El Joven Atlacatl preparaba nuevos ataques a los invasores, mensajeros indianos iban y venían de pueblo en pueblo preparando una acción general en contra de los españoles, y en julio de 1526 el Señor de Cuzcatlán cayó con sus fuerzas sobre la nueva villa española y sus pobladores, que después de un combate con los cuzcatlecos, se vieron obligados a huir hacia el Lempa.

El nuevo triunfo de Cuzcatlán había alejado a los españoles, pero con nuevas fuerzas que les dejó Alvarado (500 indios auxiliares) la guerra continuó con suerte varia.

En 1528 los españoles fijaron la sede de San Salvador lejos de los bravos cuzcatlecos, en la Bermuda, por Suchitoto; pero los triunfos de 1532 y 1535 impusieron la dominación extranjera, y la villa de San Salvador pudo en 1539 trasladarse de la Bermuda a su antiguo asiento, a donde hoy está en Cuzcatlán el viejo.

Atlacatl habla muerto y con él la independencia. Los héroes indianos habían perecido, las indias más hermosas y robustas habían pasado al hidalgo conquistador. Dos sangres y dos razas se fusionaban, en San Salvador Cuzcatlán, y las madres cuzcatlecas recordaban a sus hijos el heroísmo del último Atlacatl e infundían en sus pechos la energía del trabajo y el amor a la independencia.

Y sus hijos, en San Salvador Cuzcatlán, el 5 de Noviembre de 1811 gritaron ¡Independencia! ¡Y la obtuvieron después de diez años de esfuerzos y de luchas!
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Este texto ha sido reproducido de Literatura de El Salvador - Desde la época precolombina hasta nuestros días, primer tomo, de María B. de Membreño, 1959. (Se ha mantenido la ortografía del original; solamente se ha eliminado las tildes en algunas palabras que en la actualidad ya no se tildan).

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