Ante la mirada impávida de una oposición política atolondrada, aturdida (casi noqueada), incapaz de reaccionar de manera coordinada con acciones contundentes, la derecha más siniestra está estableciendo los cimientos de una dictadura totalitaria que se proyecta mantener en el poder por varias décadas en El Salvador. Por el momento, nada la estorba, sino las limitantes que imponen la caducidad del tiempo y la necesidad de presentar un mínimo de decoro para diferenciarse un tanto de los regímenes golpistas del pasado. Y es que, lo que está sucediendo, es un calcado en gran medida de lo que ocurrió con la implantación de la dictadura militar que se implementó durante el régimen del general Maximiliano Hernández Martínez, excepto que él accedió al poder por medio de un golpe de Estado en 1931, y el actual gobernante lo ha hecho a través de un triunfo electoral. Mucho de lo que ocurre ahora también se parece bastante al proceso que siguió la consolidación de esa dictadura militar sustentada en el Partido de Conciliación Nacional (PCN), cuyo fin fue el derrocamiento de su último representante, el general Carlos Humberto Romero, en 1979.
Los parecidos entre el régimen del general Maximiliano Hernández Martínez y el de Nayib Bukele no son pocos, pero se destacan los más importantes:
- Al igual que Bukele con Nuevas Ideas, el general Hernández Martínez contó con una fuerte organización política materializada en el PPP, Partido Pro Patria, que al desaparecer en 1944, dio origen al PRUD (Partido Revolucionario de Unificación Democrática, el cual se convirtió en PCN (Partido de Conciliación Nacional), que validó los sucesivos gobiernos encabezados por militares.
- De igual manera que Bukele y su instrumento político que ya muy pronto aprobarán reformas constitucionales para ampliar sus poderes, el general Hernández Martínez, con el apoyo del PPP, propuso y aprobó una reforma constitucional que legitimó su estadía en el poder y su feroz persecución de los adversarios políticos.
- Del mismo modo que Bukele ha inundado el espacio mediático con un ejército de troles pagados y publicaciones impresas y digitales que hacen apología de su gestión, el general Hernández Martínez contó con numerosas publicaciones (periódicos, revistas, boletines, radios) que alababan su gestión, incluyendo la masacre de campesinos indígenas de 1932.
- Semejante a lo que está haciendo Bukele incentivando el crecimiento del Ejército, lo mismo hizo el general Hernández Martínez decretando, entre otras cosas, un aumento salarial a los efectivos de la Fuerza Armada.
Para entender bien lo que está ocurriendo en el ámbito político en El Salvador, es necesario primero identificar el agente que está impulsando los cambios que sentarán las bases para una dictadura que puede llegar a mantenerse por varias décadas. La derecha más siniestra, la que se identifica plenamente con el trumpismo, representada en El Salvador por el Partido Gran Alianza Nacional (GANA), es la orquestadora de todo lo que está ocurriendo: La invasión militar de la Asamblea Legislativa anterior, el desconocimiento de la actual Constitución Política y de la Legislatura, la imposición de un nuevo Fiscal General y nuevos Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, la propuesta de reforma a la Constitución, la introducción de la criptomoneda, etc., todos son elementos de una operación macro para establecer la dictadura de esta facción de la ultraderecha salvadoreña. Esta derecha puede enfilarse en la escuela del trumpismo que a nivel interno en Estados Unidos ha roto los eslabones que hacían posible que la nación norteamericana presentara una misma línea en la política exterior sin importar el partido que estuviera en el poder. Este resquebrajamiento ha permitido visualizar un mapa mundial que facilita identificar cuáles son los actores internacionales con que se identifican los republicanos y los demócratas. Y en ninguna parte esto queda más claro que en el Oriente Medio: el expresidente Donald Trump no ocultó su simpatía y apoyo absoluto a los regímenes más sanguinarios como el de Arabia Saudita e Israel, y aquellos en donde las oligarquías sustentan el poder absoluto, tal el caso de la India y Rusia. No es que el establecimiento demócrata esté en total oposición de esos regímenes, pero promueve cambios en algunos de ellos, y con otros ha chocado en donde se desarrollan guerras del tipo Proxy. Ha quedado claro con la negociación de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, concretada por el gobierno de Donald Trump, que la ultraderecha de los Estados Unidos concilia (sino es que apoya) el ala suní de la ortodoxia islámica, al tiempo que se opone ferozmente a la chií, como quedó demostrado con la anulación del Pacto Nuclear con Irán en 2015, llamado Plan Conjunto de Acción Comprehensiva con el retiro estadounidense ordenado por el expresidente republicano.
Por otra parte, la escuela de Nayib Bukele, su tanque de asesores, está en Miami, la capital del activismo político de la ultraderecha más virulenta y retrógada del mundo, de donde se planifican y se echan a andar golpes de Estado, invasiones mercenarias y asesinatos de presidentes. Los principales asesores del régimen del clan Bukele son de nacionalidad venezolana, muy reconocidos por ser de los más allegados al primer autoproclamado (y primer derrotado) Presidente de Venezuela, Juan Guaidó. Por tanto, no es extraño que el régimen salvadoreño esté siguiendo un proceso muy similar al seguido por el Chavismo en la república sudamericana, salvando —por supuesto— las enormes diferencias sustanciales de propósitos, porque allá se persigue el bien de las mayorías, y aquí el de un clan familiar y el de su círculo más cercano.
Algunas medidas del régimen bukeliano son transitorias porque serán seguidas de otras más permanentes, tal el caso de la Ley que legaliza Bitcóin como moneda de curso legal, ya que esta será sustituida por una moneda virtual nacional, que le permitirá al gobierno concretar la desdolarización de la economía. Al recuperar la soberanía monetaria ya no dependerá tanto de los préstamos y podrá emitir moneda por las cantidades que desee sin restricciones. Así mismo podrá esquivar potenciales sanciones del gobierno de los Estados Unidos en el campo económico. Las élites económicas no se verán afectadas por esto, sino más bien beneficiadas, como lo serán los grupos gansteriles criminales. Quien se afectará negativamente será la población pobre, porque el fenómeno inflacionario será persistente y elevado, y la moneda solamente tendrá valor a nivel nacional.
Ya que no se vislumbra una reacción coordinada de la oposición en El Salvador, en donde la autodenominada izquierda se dedicó a competir con la derecha por los votantes derechistas, y la clase política en general goza de un desprestigio muy bien merecido, es necesario que los luchadores auténticos de la libertad y de la justicia se vayan preparando para una lucha que va para largo, por lo menos veinte años, porque al tener el control de las tres ramas que constituyen el gobierno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), así como del ente electoral, el partido GANA, que muy hábilmente se transmutó en Nuevas Ideas, estará en el poder por lo menos durante dos décadas.
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