¿Es Indispensable ser Experto para Opinar sobre Algo?

Vargas Vila expresó hace mucho tiempo que «quien no tiene opinión propia, tiene la opinión pública»; es decir, la del conglomerado, que es la ecolalia de algún caudillo o líder.


Según la creencia tradicional, Satanás es el rey de los avernos. Él está rodeado de un círculo cercano de colaboradores, emisarios, asesores, ministros, etc., y además cuenta con infinidad de adoradores que muchos creen constituyen la mayoría de la humanidad. Todas las almas que pertenecen al conglomerado de Satanás toman su palabra como verdad indiscutible y aceptan sus decretos sin ninguna discusión.

Se sabe que la contradicción más prominente entre Dios y el Diablo es en relación al pecado. Satanás asegura que pecar es bueno para la persona, porque la búsqueda, obtención y satisfacción de los deseos humanos, hasta la saciedad, es parte de la naturaleza humana.

Josefa Argumedo no es experta en teología ni mucho menos en demonología, pero ha leído un poco algunas partes de la biblia y acude a la iglesia con regularidad. Ella opina, de acuerdo con lo poco que sabe y lo que sus sentimientos le indican, que el pecado es malo, porque ella considera que los deseos desbordados y el afán por saciarlos causan mucho daño a la persona y la conducen irremediablemente al infierno. Si le preguntan a Mefistófeles (uno de los más poderosos emisarios del Diablo) qué piensa de la opinión de Josefa, seguramente se reirá a carcajadas y dirá que es una ignorante. Si consultan a Lilith (concubina de Satanás que fue la primera esposa de Adán) dirá lo mismo. Cualquiera de los fieles adoradores del demonio, desde el más chico al más grande, desde la más flaca a la más gorda, se burlará de la creyente Josefa y también la tildará de ignara.

¿Quiere decir esto que no es válida la opinión de la joven Josefa Argumedo? Claro que no. La mayoría de las opiniones de la mayoría de las personas no tienen nada que ver con la experticia, por la simple y sencilla razón de que nadie puede ser experto en todo. Las opiniones de una persona se basan más que todo en sus inclinaciones políticas, filosóficas, religiosas, ideológicas, etc., las cuales se derivan de muchos factores, como el origen o entorno socioeconómico, los valores inculcados en la infancia y la propia experiencia y práctica durante toda la vida. Las opiniones también dependen del nivel de información o desinformación a que tenga acceso la persona; pero este aspecto solamente afecta el nivel de desarrollo de sus opiniones, porque ha sido demostrado por muchos estudios que cada quien busca informarse con lo que está en concordancia con sus inclinaciones, no con lo que está en contra de ellas, por lo que son muy arraigadas y casi imposible cambiarlas.

De modo que un pacifista nunca aceptará como válida la opinión de un guerrerista, o viceversa. El creyente ni siquiera escuchará la opinión del ateo. Tener opinión propia puede significar estar fuera del conglomerado y ser objeto de menosprecio y hasta de ataques de los elementos más fanatizados de alguna mayoría. Pero Vargas Vila también implicó en sus escritos que los espíritus libres no buscan ni quieren la aprobación de otros. Son amantes de su verdad y morirán con ella.

Toda opinión es válida, no solamente para quien la emite, sino también para quien opina igual. Es un mecanismo de fortalecimiento psicológico, aún para quienes están fuera del conglomerado. La experticia del opinante más que todo es requerida en casos de litigios, particularmente procesos judiciales relacionados a algún crimen, y en estos casos la opinión puede ser parcializada favoreciendo a un bando de la disputa, ya que es resultado de una paga.

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