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| «Cuba book» by @Doug88888 is licensed under CC BY-NC-SA 2.0 |
Pero ninguna de estas cosas ocurrió, no al menos en la medida de sus expectativas, porque al conocerse el modus operandi de la fuerzas expansionistas de Estados Unidos junto con sus más fieles aliados de Europa y sus vasallos secundadores de América Latina (países controlados por la derecha gansteril criminaloide), los gobiernos agredidos y las personas y entidades progresistas del mundo ya saben cómo responder. Es un modus operandi que les dio resultado al principio, cuando no había sido dilucidado, y que les produjo éxitos en Ucrania y en varios países que se vieron afectados por lo que llamaron «Primavera Árabe».
Es un modus operandi que —en el apartado de las movilizaciones— calca el método que se deriva de la organización revolucionaria de movimientos de masas empleando los instrumentos que proporciona el marxismo, añadiéndole los componentes de acompañamiento de entidades internacionales de derechos humanos, libertad de prensa, principales medios de difusión con mayor cobertura en todo el mundo, y la intervención militar que puede ser a través de milicias locales previamente organizadas, caravanas de « ayuda humanitaria» transportando armamento y mercenarios experimentados, o un contingente militar extranjero.
Es un escenario que ha sido implementado con diferentes resultados en países que no están avasallados a los designios de la metrópolis, tales como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, y últimamente Bielorrusia y Cuba. Claro, en otros países donde las condiciones se lo ha permitido, simplemente han recurrido al golpe de Estado (Honduras, Paraguay), aunque a veces han fracasado (Turquía). No obstante, ahora parece que están ensayando otra variante (emprendimiento privado) como se está viendo en Haití, aunque podría ser solamente un enmascaramiento de la operación.
Pero en el caso de Cuba lo que se ha producido como consecuencia de este montaje, es algo que ciertamente no se lo esperaban. En primer lugar, la condena internacional ha sido dirigida hacia el bloqueo económico a que ha sido sujeta la población cubana durante largos sesenta y dos años. La mayoría del mundo clama el fin de tan inhumana agresión, excepto la rabiosa y criminal alianza de descendientes cubanos ultraderechistas de Miami, que tienen el poder suficiente para imponer su voluntad en las decisiones de Washington en lo que respecta a Cuba. En esto se destaca una carta abierta firmada por centenares de personas muy reconocidas a nivel mundial, la que fue publicada bajo el título Let Cuba Live (Dejen Vivir a Cuba) el recién pasado viernes 23 del corriente mes en el periódico The New York Times, dirigida al presidente Joe Biden, exigiendo el fin del bloqueo económico, y que ha tenido amplia difusión en otros medios. Lo otro es que se ha producido una especie de revitalización del movimiento de solidaridad con Cuba, pues se han estado desarrollando movilizaciones de organizaciones comunitarias en diferentes ciudades estadounidenses, en las que no solamente se denuncia el bloqueo y sus nefastas consecuencias, principalmente durante la presente pandemia de COVID-19, sino también para recolectar insumos de asistencia a la población cubana.
Nadie duda de que puedan haber motivos de descontento en algunos sectores de la población cubana, al verse afectados por las carencias que genera el terrible bloqueo, y es legítimo expresar ese descontento, pero que esto sea utilizado para orquestar una operación intervencionista de fuerzas retrógadas cuyo hipotético triunfo solamente beneficiaría a una minoría capitalista voraz, afectando a la mayoría de la población al implementar un proceso de regresión de los logros de la Revolución, es algo que el progresismo mundial no está dispuesto a consentirlo sin dar la batalla.

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