Habiendo trabajado algunos años en la reparación y ensamblaje de computadoras sirviendo a un sector de la población con recursos económicos limitados, era prioritario encontrar alternativas de restauración para muchos dispositivos portátiles y de escritorio que los hiciera funcionales al menor costo posible. Dado que por mucho tiempo lo que más elevaba el precio de una laptop o computadora de escritorio era el software, era imperativo encontrar opciones que solventaran esta dificultad. Afortunadamente, desde principios de la década de 1990, surgieron alternativas que facilitaban hacer operacionales y eficientes muchas máquinas que ya habían sido descartadas por usuarios más acomodados en la escala social.
En 1991 fue presentado el kernel de Linux, lo que permitió el surgimiento de varias distribuciones de sistemas operativos con Interfaz Gráfica de Usuario, desarrolladas bajo el concepto de «Código Abierto», y distribuidas sin más costo que el que puede representar la descarga de un archivo del tipo ISO, o la obtención del mismo en un disco compacto, DVD o unidad USB. También, en 1994, surgió FreeDOS, un sistema operativo que reemplaza con creces a MS DOS (Microsoft Disk Operating System), el cual fue retirado en ese año, haciendo utilizable, incluso hoy, computadoras viejas, de las primeras que salieron al mercado con arquitectura i386.
Como alternativas a los sistemas operativos comerciales, cuyo costo e intención de monopolizar toda actividad productiva o de entretenimiento fue creciendo con el tiempo, surgieron distribuciones de Linux que se fueron desarrollando hasta llegar al momento actual, en que existe una amplia variedad suficiente para satisfacer distintos gustos y necesidades. Desde Slackware y Debian (dos de las primeras) hasta Ubunto y Fedora (dos de las más conocidas), pasando por PCLinux y Knoppix, esta última, la primera distribución que se pudo ejecutar desde un dispositivo CD, DVD o USB.
Sin embargo, pese a las varias ventajas que desde el inicio ha representado adoptar Linux, en cualquiera de sus variantes, para reemplazar, digamos, a MS Windows X, esto ha probado ser más difícil de lo que parecería, pues aunque hasta principios de 2021, 100% de las principales 500 supercomputadoras están equipadas con Linux y que de los 25 sitios web más importantes del mundo solamente dos no son manejados con este sistema, únicamente el 1.93% de todos los dispositivos de escritorio usan Linux.
¿A qué se debe tan manifiesta disparidad? Tiene que ver con ciertos obstáculos que se han presentado al usuario desde el inicio. Las primeras versiones de Linux que fueron presentadas al público requerían mucho el uso de la consola del Command Prompt (Indicador de Comando) para ejecutar programas o aplicaciones, lo que significaba para muchos tener que aprender su uso, haciéndolo poco práctico, en comparación de los sistemas en que todo se ejecutaba con simples clicks del ratón. Aún y cuando esto ha sido superado totalmente en la actualidad, continuaron los obstáculos en la forma de compatibilidad. Por ejemplo, quienes habían usado por mucho tiempo la suite de MS Office, continuaron encontrando casi imposible cambiarse a LibreOffice debido a que no es totalmente compatible con los formatos de los programas de Microsoft, aunque el día de hoy existen otras alternativas de mayor compatibilidad.
Todos los obstáculos para la adopción definitiva de Linux pareciera que se habían ido superando, pero quedaba uno que no se veía por dónde surgiría su remoción: TTS (Text To Speech, Texto a voz, por sus siglas en inglés). Es cierto, ahí han estado por largo tiempo eSpeak y Festival junto con la colección de voces embrola; pero alguien que haya escuchado las voces naturales de las más recientes versiones de MS Windows, definitivamente no querrá hacer el cambio si es que dicha funcionalidad es importante para su trabajo o experiencia de interacción con una computadora.
No obstante, ahora hay una solución bastante aceptable para quienes han encontrado este aspecto de toral importancia; pero antes debo decir que han habido opciones comerciales para superar esta dificultad, aunque es difícil obtener una demostración previa de su funcionalidad y su costo es, relativamente hablando, un tanto elevado en comparación con otros productos que implicarían más recursos. La solución a la que me refiero se llama Glate, aplicación que al momento he instalado y usado en una computadora laptop que tiene el sistema Linux Mint 20.2 Cinnamon. Glate es una aplicación nítida, simple pero con muchas características que integra Google Translator y un sintetizador de Texto a voz. Sus características principales son:
1. Permite establecer el idioma de origen y de traducción preferida.
2. Puede traducir en más de 104 idiomas.
3. Traducción línea por línea, si así se prefiere.
4. Descargar voz sintetizada en formato mp3.
5. Lee texto seleccionado con el motor de texto a voz.
6. Historia de la traducción de textos como referencia.
7. Se puede exportar el historial traducido en formato de texto.
8. Opción de compartir traducción con generador de pegado incorporado.
9. HOTKEY para traducir texto desde cualquier sitio web u otra aplicación.
10. Permite escuchar la pronunciación, Texto a voz.
11. Opción de presentación en Modo oscuro o Claro.
12. Copia y pega el texto traducido.
Se remarca en el sitio de distribución de Glate que traerá muchas más funciones interesantes en un futuro próximo, y que hay que difundir el nombre y la aplicación con sus amistades, familiares y colegas. Glate ha sido diseñado y desarrollado por Keshav Bhatt, y se distribuye en Snapcraft.
En referencia a los primeros párrafos de esta nota, he usado diferentes distribuciones de Linux en distintos momentos y las he instalado en varias computadoras y los obstáculos que he encontrado nunca me parecieron tan determinantes en comparación con las muchas ventajas que ofrece, sobretodo, seguridad. En la actualidad, pese a tener una computadora equipada con la versión más reciente de Windows 10, uso de preferencia otra que tiene Linux Mint y Ubuntu Mate (sistema dual), que son muy similares. Considero que al momento ya no existen trabas para la adopción definitiva del sistema operativo Linux.
La voz con que lee los textos el sintetizador de Glate, en el idioma que sea, es simplemente estupenda. De más está decir que (puesto que usa Google Translate), este programa obviamente requiere una conexión a internet para funcionar.


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