Personajes:
Oulanem, un viajero alemán
Lucindo, su compañero
Pertini, ciudadano de un pueblo montañés en Italia
Alwander, habitante del mismo pueblo
Beatrice, su hija adoptiva
Wierin
Perto, un monje
Oulanem es una obra de teatro en verso inacabada escrita por Karl Marx en 1839, la cual tiene lugar en una localidad de Italia, compuesta cuando era estudiante en la Universidad de Berlín. La parte de la obra conocida consta de siete personajes y se desarrolla en cuatro escenas.
Cuando Karl Marx ingresó a la Universidad de Berlín, se dedicó algún tiempo a la poesía y a la dramaturgia. Más adelante abandonó estas disciplinas, pero no antes de haber escrito una novela, varios poemas de amor y un acto de su obra dramática incompleta, Oulanem, título críptico con que la presentó.
El autor y pastor religioso Richard Wurmbrand sostiene que el título de la obra es un anagrama entreverado de la palabra Emanuel, el nombre bíblico de Jesús, y señala que tales inversiones de los nombres sagrados son una práctica estándar en los cultos satánicos. Según el biógrafo de Marx, Robert Payne, «Oulanem es Marx como juez y verdugo».
De acuerdo con los analistas religiosos que se han esforzado en relacionar a Marx y su obra con el satanismo, algunas de las mejores pruebas circunstanciales de dicho vínculo provienen de sus escritos que incluyen cartas, su diario, poemas y drama. Aducen que Karl Marx estaba obsesionado con pensamientos y cavilaciones sobre el diablo. Ponen como uno de los ejemplos más reveladores este drama inconcluso que escribió a la edad de 18 años, llamándolo Oulanem, que —según ellos— es una inversión satánica de la ortografía del nombre Emanuel, y durante su desarrollo, el personaje principal (que se supone es Marx) hace un pacto con el diablo. Afirman, además, que el diario de Marx sugiere que estaba muy familiarizado con los ritos de iniciación satánicos.
Estos estudiosos de la fe, que aparentemente han revisado minuciosamente lo escrito por el desarrollador del materialismo dialéctico, encuentran más evidencia en un intercambio de cartas entre Marx y su padre. El padre se preocupaba, dicen, temiendo que su hijo hubiera sido poseído por un demonio debido a las declaraciones de este en sus misivas. Además, señalan, Marx les contaba a sus hijas historias largas y horripilantes antes de dormir, relatos que se prolongarían durante meses sobre la venta de posesiones al diablo, incluidos sus propios miedos.
Además de Freidrich Engels, a quien conoció más adelante, Marx se hizo amigo de muchos escritores y filósofos desde su época universitaria. Él asistió inicialmente a la Universidad de Bonn. Luego, en la Universidad de Berlín, fue uno de los jóvenes hegelianos que eran intelectuales que escribían filosofía sobre las obras de George Wilhelm Friedrich Hegel, después de su muerte en 1831. Los jóvenes hegelianos se basaron en el principio de Hegel de que el propósito y la promesa de la historia era la negación total de todo lo que conduzca a restringir la libertad y la razón. Desarrollaron críticas radicales tanto de la religión como del sistema político prusiano. Karl Marx eventualmente trabajaría como periodista durante 10 años, 1852-1862, para el New York Tribune, propiedad de Horace Greely. Su inglés era limitado al principio, y Engels le servía como negro literario o lo que también se denomina escritor fantasma. Marx vivió de la caridad de Engels durante gran parte de su vida, pero —por último— recibió suficiente dinero para estar en el 2% de los que contaban con ingresos superiores en Inglaterra, según sus detractores. Pero fue en su época de estudiante que habría conocido a fondo el Cristianismo y renegado del mismo.
En el mundo de habla hispana se conoce poco o casi nada de Oulanem, y en general, es muy limitada la información que puede encontrarse de esta obra en internet. Es, sin embargo, una muestra más de la enorme capacidad polifacética de Karl Marx, cuya obra continúa vigente a pesar de los numerosos e ingentes esfuerzos de muchos, durante varias décadas, por tratar de presentarla como obsoleta para el tiempo actual. El satanismo, en realidad, en el mundo de hoy, en su más avanzada presentación, es un movimiento liberador que no tiene nada de religioso y que, de alguna manera, emplea las mismas armas de los opresores para llevar adelante la lucha de los sectores oprimidos.
(El original de la imagen que ilustra esta nota se titula "Marx is drinking a coke" por HOGRE, modificada aquí para incluir el título del drama de Karl Marx. La ilustración original está en el dominio público).

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