Algo Sobre los Amuletos

by Gary Lee Todd, Ph.D. is marked with CC0 1.0.

     Según el Diccionario de la Lengua Castellana, la palabra amuleto (del latín amuletum) es un nombre común de género masculino que se refiere a una figura, medalla o cualquier otro objeto portátil a que supersticiosamente se atribuye virtud sobrenatural para alejar algún daño o peligro.

    Más ampliamente definidos en el Diccionario de Palabras Usadas en el Arte y la Arqueología, los amuletos son objetos de descripción muy heterogénea, a los que se ha atribuido supersticiosamente el poder de curar ciertas enfermedades, o evitarlas, tanto en humanos como en animales. Sin lugar a dudas, los amuletos son de origen oriental. Los egipcios los consideraban como preservativos contra los peligros, días de mala suerte, enemigos, etc. Las variedades eran muy numerosas; entre otros, escarabajos, pilares diminutos, cartuchos, ojos simbólicos, dedos entrelazados, cabezas de ureo, etc. También se empleaban un gran número de piedras preciosas como amuletos, siendo las más frecuentes hematites, jaspe, lapislázuli, amatistas, diamantes, heliotropos, y otras. Cada uno de estos amuletos tenía su particular virtud; por ejemplo, el cristal transparente que se usaba durante la oración propiciaba al dios requerido, compeliéndolo a prestar oído al suplicante. El coral ayudaba a mantener toda mala influencia alejada de una casa, y en Italia era visto, incluso ya en tiempos modernos, como preservativo contra el mal de ojo. En la tradición cristiana antigua, el nombre de amuletos, o en algunos casos, encolpium, se le dio a las reliquias, u objetos de devoción, tales como cruces, medallas, pedazos de madera de la verdadera cruz, los huesos de santos, etc. Los amuletos también se llamaban «periapta», palabra que significa «pendiente», porque se colgaban del cuello, y también pyctacium, porque algunos amuletos estaban doblados en dos.

    La Enciclopedia de Ocultismo y Parapsicología establece que el amuleto, filacteria o talismán, proviene del fetichismo, la creencia de las personas de que un pequeño objeto o fetiche podría contener un espíritu. Se dice que los amuletos son de dos clases: una, los que se usan como fetiches, es decir, la morada de entidades espirituales que están activas en nombre del usuario; y dos, filacteria para alejar la mala suerte o influencias como el mal de ojo. El amuleto, un dispositivo protector, se distingue así de un talismán, un encanto mágico utilizado para lograr algún fin.

    Hay pocas dudas de que los pueblos prehistóricos usaban amuletos, porque en tumbas neolíticas se han descubierto objetos similares en apariencia y descripción general a los amuletos. Entre la asombrosa variedad que poseían los antiguos egipcios, estaban los que eran usados tanto por los vivos como por los muertos. De hecho, entre estos últimos, cada parte del cuerpo tenía un amuleto sagrado para sí mismo. Estos eran, por regla general, evolucionados a partir de varios órganos de los dioses; por ejemplo, el ojo de Isis, la columna vertebral de Osiris, etc.

    Entre los pueblos salvajes y semicivilizados, el amuleto solía tomar las formas de collares, pulseras o tobilleras, y donde la creencia en la brujería y el mal de ojo era fuerte, la fe en éstos y en los amuletos era siempre más intensa. Piedras, dientes, garras, conchas, corales y emblemas simbólicos eran amuletos favoritos. Se ha observado que estos artículos tenían características específicas del animal del que fueron tomados o corresponden a la realidad específica de la cultura. Por ejemplo, la cabra del desierto es un animal de paso seguro; en consecuencia, ciertas tribus malayas portaban su lengua como un poderoso amuleto contra las caídas. A menudo se colgaban cuentas que parecían dientes alrededor del cuello de los niños cafres en África para ayudarlos en la dentición, y los dientes incisivos del castor se colocaban con frecuencia alrededor del cuello de las muchachas nativas americanas para promover la laboriosidad.

    Se creía que ciertas plantas y minerales indicaban por su forma externa las enfermedades para las cuales la naturaleza las había destinado como remedios. Así, se suponía que la eufrasia, u ojo brillante, era buena para los ojos porque contenía una mancha negra parecida a una pupila, mientras que la piedra de sangre se empleaba para detener el flujo de sangre de una herida.

    Cuando se encontraban implementos prehistóricos, como puntas de flecha, los campesinos de la localidad pensaban que estas tenían una gran virtud como amuletos. Alguna luz se arroja sobre esta costumbre por el hecho de que las brujas británicas medievales usaban puntas de flecha de piedra; pero en la mayoría de los países se pensaba que descendían del cielo y, por lo tanto, se guardaban para proteger a las personas y al ganado de los rayos.

    Los malayos guardaban ciertas raíces que tienen la forma de culebras para protegerse contra las mordeduras de serpientes. Esta correspondencia de la raíz con la semejanza animal se conoce como la doctrina de las signaturas. Los celtas usaban muchos tipos de amuletos, como la rueda simbólica del dios sol que se encuentra con frecuencia en Francia y Gran Bretaña; guijarros, talismanes de dientes de jabalí y piezas de ámbar.

    Se considera que el reconocido huevo de serpiente de los druidas probablemente también fue un amuleto de los sacerdotes. Los amuletos indios son numerosos, y en países budistas su uso era universal, especialmente donde esa religión se había degenerado. En los países budistas del norte, era común usar un amuleto alrededor del cuello. Estos generalmente representaban la hoja de la higuera sagrada y se hacían en forma de una caja que contenía un trozo de escritura sagrada, oración, o una pequeña imagen. Las mujeres de posición en el Tíbet usaban una chatelaine que contenía un encanto o encantos, y el amuleto universal de los sacerdotes budistas tibetanos era la centella, que se suponía que había caído directamente del cielo de Indra. Esto suele ser imitado en bronce u otro metal y se usa para exorcizar malos espíritus. Muchos musulmanes usan amuletos, y se dice que el profeta Mahoma creía en el mal de ojo, tanto así que El Corán se lleva a veces como amuleto, o se utilizan extractos del mismo copiado para tal fin. Las Suras 113 y 114 están dirigidas contra la brujería. Otros talismanes poderosos para amuletos incluyen los nombres y atributos de los dioses, los nombres de las Suras del Corán, nombres de profetas, planetas, ángeles y cuadrículas mágicas.

    Los amuletos también estaban muy extendidos entre los judíos, en particular de los siglos XVII al XIX. Las filacterias que todavía se usan en ciertos rituales se cree que son una protección contra el mal. Uno, derivado de la la leyenda de Lilith, que lleva el nombre de tres ángeles, se da a los bebés para protegerlos de ella. En el folclore judío, nombres de Dios, versículos bíblicos y los nombres de los ángeles, se consideraban amuletos poderosos. Tales amuletos han sido copiados por ocultistas no judíos y usados en rituales de magia.

    Con el resurgimiento mágico del siglo XIX y la creencia en los poderes ocultos, dirigidos a varios objetivos por practicantes mágicos, los amuletos una vez más volvieron a tener un uso generalizado. Fueron un efecto secundario necesario del desarrollo de la magia talismánica, una parte importante de la práctica mágica presentada en los escritos de Francis Barrett y Éliphas Lévi.

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