Resumen de la Obra «Cándido o El Optimismo»

Por Esteban Balmore Cruz

Tipo de obra: Novela
Autor: Francois Marie Arouet de Voltaire (1694-1778)
Género: Sátira social
Ubicación: Europa y América del Sur, siglo XVIII
Primera publicación: 1759
Personajes:

Cándido, hijo ilegítimo de la baronesa Thunder-tentronckh.
Cunegunda, la hermosa hija del barón Thunder-tentronckh.
Pangloss, amigo y preceptor de Cándido, quien pensaba que todo es óptimo en el mundo físico y en el moral, y que nada podía ser de otro modo.
Cacambo, sirviente inteligente de Cándido.
Jacobo, un anabaptista muy misericordioso.
Una vieja sirvienta, que era la hija ilegítima de un Papa.
Don Fernando de Ibarra y Figueroa y Mascarenes y Lampourdos y Souza, gobernador de Buenos Aires.
Martín, un sabio maniqueo arruinado de origen holandés.
Paquita, doncella de Cunegunde, amante de Pangloss, después prostituta.
El hermano Alhelí
Un noble Pococurante veneciano
El abate de Perigord
Marquesa de Parolignac

Comentario breve
 
Se ha considerado que la obra más popular de Voltaire, Cándido o El Optimismo, es una sátira maestra sobre las necedades y vicios de los humanos. Todo lo que impregna y controla a las personas es delineado con un humor feroz. La obra relata la andanzas de un joven expulsado de su casa, quien descubre que los preceptos de su maestro son constantemente denegados por la realidad. En todas partes hay engaño, fraude, violencia, intolerancia y maldad. Los errores de las personas en este relato no difieren mucho de los de las del tiempo actual, por lo que Cándido o El Optimismo es una obra tan vigente hoy como lo fue en la época en que fue escrita.

Resumen

Cándido había nacido y crecido en Vestfalia, y se rumoraba que era hijo ilegítimo de la hermana del barón Thunder-tentronckh. Su preceptor, el Dr. Pangloss, quien era un devoto seguidor de Gottfried Wilhelm Liebnitz, le había enseñado metafísico-teólogo-cosmolonigología y le había asegurado que «este es el mejor de los mundos posibles». Un día Cunegunda, la hermosa hija del barón, besó a Cándido detrás de un biombo, y el joven fue expulsado de la casa del noble barón al haber sido descubiertos.

Habiendo sido reclutado por el ejército del rey de Bulgaria, Cándido logró desertarse durante una batalla entre las tropas de este monarca y las fuerzas del rey de Abares. Más adelante fue socorrido por Jacobo, un anabaptista misericordioso. También se reencontró con su viejo maestro, el Dr. Pangloss, ahora convertido en mendigo y enfermo de viruela. Luego de restablecer a Pangloss con la asistencia de Jacobo, los tres partieron hacia Lisboa; pero su barco naufragó durante una tormenta frente a las costas de Portugal. Jacobo se ahogó, pero Cándido y Pangloss nadaron hasta la orilla justo cuando un fuerte terremoto sacudía la ciudad. Los gobernantes de Lisboa, tanto laicos como religiosos, decidieron castigar a aquellas personas cuya maldad, según ellos, había provocado el sismo, y el joven y su preceptor estaban entre los acusados. Pangloss fue ahorcado, mientras Cándido fue azotado duramente.

Mientras se dolía de las heridas causadas por los latigazos, una vieja se aproximó a Cándido y le dijo que cogiera valor y la siguiera. Ella lo llevó a una casa donde fue curado, alimentado y vestido. Entonces fue llevado a otra casa en donde encontró a Cunegunda. Cándido estaba asombrado porque Pangloss le había dicho que Cunegunde había muerto después de haber sido violada y acuchillada por los búlgaros. Cunegunda relató la historia de lo acaecido desde la última vez que vio a Cándido hasta su feliz reencuentro. Ahora un judío y un inquisidor la protegían, pero mantenía a ambos hombres a distancia. Cándido mató al judío y al inquisidor cuando fueron a verla.

Acompañados por la vieja sirvienta, Cunegunda y Cándido huyeron a Cádiz, donde fueron asaltados. En desesperación, se embarcaron hacia Paraguay, donde Cándido esperaba alistarse en el ejército español que luchaba contra unos jesuitas rebeldes. Durante el largo trayecto, la vieja contó su historia, y se enteraron de que era hija del Papa Urbano X y de la princesa de Palestrina.

Llegados a Sudamérica, el gobernador de Buenos Aires desarrolló un gran afecto por la bella Cunegunda, y por sus intrigas Cándido fue acusado de haber cometido un robo estando aún en España. El joven huyó con su criado Cacamho; Cunegunda y la vieja sirvienta se quedaron allí. Cuando Cándido decidió luchar por los jesuitas, supo que el comandante en jefe era en realidad el hermano de Cunegunda. Pero cuando se entrevistó con él, y lo puso al tanto de sus intenciones de casarse con su hermana, el tipo se enfureció. Discutieron, se produjo una riña, y Cándido, temiendo haber matado al hermano de su amada, se puso de nuevo en camino con Cacambo. Poco después fueron capturados por una tribu llamada los Orejones, aborígenes salvajes, pero cuando Cacambo demostró que no eran jesuitas, los dos quedaron en libertad.

Tratando de encontrar una ruta para ir en busca de Cunegunda, accidentalmente llegaron a Eldorado. Allí la vida era sencilla y perfecta, pero Cándido no era feliz porque echaba de menos a su amada. Después de pasar allí algún tiempo, por fin decidió tomar algunos de los guijarros enjoyados y el barro dorado que en ese país carecían de valor y regresar a Buenos Aires para rescatar a Cunegunda. Él y Cacambo partieron con cien ovejas cargadas de víveres y tesoros, pero perdieron todo, menos dos ovejas y las riquezas que estos animales llevaban.

Cándido se acercó a un comerciante holandés y trató de arreglar un pasaje a Buenos Aires. El mercader se hizo a la mar con el dinero y los tesoros de Cándido, antes que este pudiera abordar el barco. Después acordaron que Cacambo fuera solo a Buenos Aires para encontrar a Cunegunda y llevarla a Venecia para encontrarse con Cándido.

Después de muchas aventuras, incluida una pelea en el mar y la recuperación milagrosa de una de sus ovejas perdidas de un barco que se hundía, Cándido llegó a Burdeos. Su intención era ir a Venecia pasando por París. Sin embargo, la policía lo arrestó en la capital francesa y el joven se vio obligado a comprar su libertad con diamantes. Más tarde navegó en un barco holandés a Portsmouth, Inglaterra, donde fue testigo de la ejecución de un almirante. De allí se fue a Venecia, sin poder encontrar ni a Cacambo ni a Cunegunda.

Sin embargo, se encontró con Paquita, la doncella de Cunegunda (y que había sido amante de Pangloss). Poco después Cándido se encontró con Cacambo, que ahora era esclavo, y quien le informó que Cunegunda estaba en Constantinopla, ahora fea, en calidad de sirvienta en la casa de un noble exiliado de Transilvania. En la galera veneciana que los llevó a Constantinopla, Cándido encontró a Pangloss y al hermano de Cunegunda entre los galeotes (remeros forzados). Su viejo preceptor relató que había escapado milagrosamente de su ahorcamiento en Lisboa porque el torpe verdugo no había sido capaz de hacer un nudo adecuado. El hermano de Cunegunda contó cómo sobrevivió a la herida que el joven aterrorizado había creído fatal. Cándido compró a ambos hombres de los venecianos y les dio su libertad.

Cuando el grupo llegó a Constantinopla, Cándido compró a la vieja sirvienta y a Cunegunda de sus amos, y también compró una pequeña granja a la que todos se retiraron a vivir como una familia (excepto el hermano de Cunagunda, que fue expulsado por oponerse absurdamente al matrimonio de ella con Cándido. Allí cada quien tenía su propio trabajo particular que desarrollar. Y reflexionando sobre sus vivencias y conceptos filosóficos junto a Pangloss y Martín, Cándido decidió que lo mejor del mundo era dedicarse a cultivar el huerto.

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