Sobre las Sectas y los Cultos



Originariamente existía una sola Iglesia cristiana. La unidad era una preocupación primordial, y durante cientos de años bastó para mantener a la Iglesia unida. Pero con la Reforma se inició un proceso de fragmentación que se ha prolongado hasta nuestros días. La fundación de iglesias nuevas o desgajadas provocó disputas que en su momento se consideraron profundamente irreconciliables, pero actualmente parecen menores si se las compara con las raíces comunes que subyacen a muchas de las distintas confesiones. A partir del siglo XX se hicieron tenaces esfuerzos de ecumenismo para promover la reconciliación y la unión de las diversas iglesias, pero la historia del cristianismo sigue sumando un número pequeño pero evidente de nuevas comunidades.

La Hermandad de Plymouth

Los protestantes originales rechazaban el cristianismo de Roma a causa de su apego al poder mundano y a las riquezas. Pero a medida que las confesiones protestantes surgidas de la Reforma se iban institucionalizando surgían nuevas minorías que lamentaban la pérdida de radicalismo y de fidelidad a la Biblia. Éste fue el origen de la Hermandad de Plymouth en la década de 1820. Algunos fieles, desilusionados por el carácter mundano de sus iglesias inconformistas, se sintieron atraídos por un movimiento que surgió en Dublín, pero que estableció su mayor sede en el puerto inglés de Plymouth. La Hermandad era espiritualmente muy elitista, abogaba por un estudio riguroso de la Biblia y despreciaba los adornos: ni siquiera se permitía el uso de la cruz en las reuniones de la hermandad. Los cantos no se acompañaban de instrumentos, y se exigía a las mujeres cortarse el cabello o cubrirse la cabeza. La Hermandad creía reencarnar el espíritu de fraternidad sagrada y pura de los apóstoles originales. El movimiento ha sufrido muchas divisiones desde sus orígenes, en particular porque la decisión de a quién incluir y a quién excluir siempre resultó polémica. Se calcula que existen casi tres millones de miembros de la Hermandad en todo el mundo.

«Tres cosas bastan para resumir el modo en que el Ejército opera con los “excluidos y los caídos”: primero la sopa; después el baño; y por último, la salvación».
William Booth, 1829-1912

Los cuáqueros

George Fox (1624-1691), un aprendiz de zapatero de Leicestershire, fundó la Sociedad de Amigos, más conocida como los cuáqueros, en 1652, tras haber intentado infructuosamente encontrar a Dios en todas las confesiones existentes. Su movimiento no era tanto una Iglesia como una asociación dedicada a la revelación de la luz o la verdad interiores. La sociedad no tenía pastores ni sacramentos. Las reuniones consistían sobre todo en la oración silenciosa, y los participantes «esperaban a Dios» y sólo hablaban cuando el Espíritu Santo los empujaba a hacerlo. Los cuáqueros son célebres por su contribución a la justicia social, especialmente en las prisiones. Actualmente el número de miembros del movimiento en todo el mundo es de trescientos mil.

Ellen White
Aunque en su época Ellen White (1827-1915) rechazó la etiqueta de profetisa, sus muchos admiradores, no sólo entre los miembros de la Iglesia de los Adventistas del Séptimo Día sino también fuera de ella, encontraron inspiración cristiana en sus relatos y visiones. En una de sus visiones más célebres White vio «un grupo de gente que llegaba» guiado por la luz de Jesucristo a lo largo de un peligroso camino que llevaba a la «nueva Jerusalén». Fue una prolífica escritora y también fue predicadora: sus cuarenta obras devocionales la convirtieron en la autora de no ficción más traducida de toda la historia. Los asuntos de los que trataba su obra eran sus creencias, el misticismo, la salud y la forma de vida (fue una entusiasta defensora del vegetarianismo). Aunque originalmente era metodista, terminó cosechando una audiencia propia que, en la década de 1860, se convirtió en el movimiento de los Adventistas Sabatarios que siguió creciendo hasta formar los Adventistas del Séptimo Día: entre sus actuales adeptos, las obras de White tienen el valor de libros sagrados.

El Ejército de Salvación

Fundado en 1878 por William Booth, un antiguo pastor metodista, y por su mujer Catherine, el Ejército de Salvación rechazaba los rituales del cristianismo oficial y abogaba por una vida sencilla, donde la fe se mantiene intacta hasta en las situaciones más difíciles. A finales de la era victoriana inglesa se atacaba y ridiculizaba a este movimiento con el apelativo de «ejército de esqueletos», no obstante lo cual sus obras de caridad llegaron a despertar una gran admiración, aunque no provocaran demasiadas conversiones. Su misión se caracteriza por evangelizar por las calles con acompañamiento musical, con traje de etiqueta, y por una organización casi militar. En vez de reunirse en iglesias, solían hacerlo en ciudadelas y se consagraban a la acción social dirigida a los sectores más necesitados de las comunidades: los alcohólicos, los mendigos y las prostitutas. Sus miembros no reciben sacramentos y para ellos toda comida es una recreación de la Última Cena de Jesús. El Ejército de Salvación cuenta con dos millones y medio de miembros en 188 países de todo el mundo.

La ciencia cristiana

En su libro de 1875 titulado Ciencia y salud, Mary Baker Eddy explicaba cómo, durante cincuenta años, había tenido una salud espantosa hasta que se curó al poner toda su fe en Dios. Sus seguidores, los cientistas cristianos, suscribían su convicción de que los humanos son seres más espirituales que físicos y, en consecuencia, su creencia de que sólo Dios, no los medicamentos ni los médicos, era la clave para curarse de las enfermedades del cuerpo. Baker Eddy fundó la Primera Iglesia de Cristo, cientista, en Boston, y en la actualidad existen más de mil ochocientas ramas de la ciencia cristiana en todo el mundo.

El milenarismo

Los movimientos milenaristas cristianos predican que el fin del mundo está próximo. La profecía se inspira en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que profetiza que Jesucristo regresará a la Tierra para gobernar en un paraíso terrenal durante mil años. Los Testigos de Jehová, un movimiento fundado en 1884 y que afirma tener siete millones de adeptos en todo el mundo, creen que el advenimiento de Jesús es inminente. Los testigos son célebres por llamar a nuestras puertas para evangelizarnos, aunque en realidad tienden a evitar al resto de la sociedad para consagrarse a sus hermanos testigos. Los Adventistas del Séptimo Día, otro grupo milenarista, están más comprometidos con las actividades sociales, especialmente en el ámbito de la salud. El número de sus adeptos ronda los catorce millones. Los Adventistas prestan especial atención a las profecías de la visionaria norteamericana Ellen White, y creen que el Día del Señor será un sábado en vez de un domingo.

El libro del Apocalipsis
El libro del Apocalipsis, también denominado Libro de la Revelación, describe una extraordinaria e intensa batalla en el cielo entre Dios y Satán. Este relato ha contribuido tanto al temor al diablo como a las especulaciones milenaristas cristianas. Se cree que los autores del libro, escrito en torno al siglo I d. C., quisieron crear una alegoría del sufrimiento de Jesús bajo el imperio del «mal» durante el dominio romano, pero muchos cristianos leen literalmente la bestia 666, los dragones, las serpientes, los cuatro jinetes del apocalipsis y el Armagedón final. La promesa con la que concluye el Apocalipsis es que Dios triunfará sobre el diablo. Jesús volverá, reducirá a Satán e iniciará un período de mil años de gobierno mesiánico en la Tierra.

Los mormones

Otro movimiento disidente del cristianismo en el siglo XIX fue la Iglesia de Jesucristo del Último Día, fundada por Joseph Smith: en la actualidad cuenta con doce millones de adeptos y tiene sus cuarteles generales en Salt Lake City. Se los suele conocer por el nombre de mormones, puesto que basan su doctrina y su estudio no sólo en la Biblia sino también en el Libro de Mormón. Creen que en éste se cuenta la historia de las relaciones de Dios con los antiguos habitantes del continente americano, y la visita que Jesús les hizo tras su ascensión. El movimiento sostiene que Mormón fue un profeta americano que recopiló la historia de la antigua civilización ateniéndose a fuentes originales, y la transcribió en unas láminas de oro que Smith descubrió en 1823, enterradas en el estado de Nueva York. En el año 1830 publicó su contenido: para los mormones constituye la palabra inalterada de Dios.

La idea en síntesis:

Existen muchas maneras de seguir el ejemplo de Jesús.


Fuente:

50 religion ideas you really need to know
Peter Stanford, 2010
Traducción de Elisenda Julibert

Crédito por la imagen que acompaña esta nota:

"Harpocrates with a cornucopia and, on the left, a priestess offering food to the two snakes (1st century AD, from Pompeii) - Detail of a niche with cult of Isis - 'Egypt-Naples. From the Orient' - Exhibition at Archaeological Museum of Naples" by Carlo Raso is marked with Public Domain Mark 1.0.

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