En Estados Unidos se celebró un evento electoral muy peculiar que probablemente pasará a la historia como un de los más atípicos realizados desde que se establecieron las elecciones para determinar los delegados a la Cámara de Representantes; suceso que aquí se denomina Elecciones de Término Medio, ya que ocurren a dos años de haberse elegido al presidente de la república, por lo que son consideradas como un referéndum de la gestión del gobierno central. Por lo general siempre ha ocurrido que el partido que está en la oposición sale triunfador en estas elecciones por el desgaste político que pueda haber tenido el que está en el Ejecutivo, proporcionando de esta manera el electorado una especie de balance en la conducción total de los asuntos del Estado.
Pero las elecciones realizadas el pasado 8 de noviembre han dejado atónitos a la gran mayoría de analistas debido a que, sorprendentemente, la constante histórica ha sido contravenida, y pese a haber tenido casi todos los indicadores en su contra, el Partido Demócrata, que ha ejercido el control de ambas cámaras del Congreso y del órgano ejecutivo a través del presidente Joe Biden, ha salido mucho, pero mucho mejor de lo que se esperaba de esa contienda electoral. Aunque los resultados definitivos no se conocerán hasta mediados de diciembre, cuando se haya realizado la segunda vuelta de la elección del senador por el estado de Georgia, ya está claro que el Senado seguirá teniendo una mayoría demócrata y que la Cámara Baja del Congreso tendrá una estrecha mayoría republicana.
Pese a su triunfo en la obtención de la mayoría en el Congreso, los republicanos se han declarado desilusionados, ya que la Ola Roja que habían predicho se produciría en todo el país, proporcionándoles amplias victorias, no se produjo, y los demócratas obtuvieron resultados mucho mejores de lo que incluso ellos mismos esperaban. Del lado republicano responsabilizan de esto al contencioso y quejumbroso Donald Trump, por su retórica confrontativa y negacionista; y del lado demócrata, además de esto, lo consideran como una derrota del movimiento de ultraderecha del trumpismo conocida con el acrónimo de MAGA (Hacer Grande América Nuevamente, por sus siglas en inglés). Y no cabe duda que, pese a su muy interesada como necia terquedad, Donald Trump y su alucinante movimiento, han sido de los mayores perdedores que han develado los resultados electorales, porque pese a que él ha dicho al declararse candidato presidencial para las elecciones de 2024, que de un par de centenares de candidatos que endorsó, solamente 22 no triunfaron, ha omitido explicar que los que perdieron eran los que optaban a cargos más prominentes y de mayor influencia a nivel nacional, y que muchos de ellos fueron derrotados en lugares donde tradicionalmente ganan los republicanos, en tanto que la mayoría de sus endorsados ganadores lo hicieron en lugares donde no confrontaban mayor oposición.
Sea como sea, desde hace mucho tiempo ha quedado claro que la lucha de Donald Trump ha tomado cada vez más un carácter muy personalizada, y tiene que ver con el aseguramiento de su impunidad y la continuidad de recaudación de fondos a través de los imparables donativos provenientes de sus fanáticos seguidores que han enriquecido las arcas de este magnate más astuto que un zorro. Seguidores que se niegan a ver, pese a tener demandas muy legítimas y de mucho peso, que Donald Trump es una insoslayable tranca para el movimiento, el cual podría ser únicamente revigorizado y dotado de posibilidades de triunfo si el estandarte de su dirección fuera transferido a otra persona, digamos, la única de la familia Trump que puede trascender las barreras de simpatía general, Ivanka Trump; aunque todo parece indicar que el «establishment» la está proyectando para un futuro demócrata para usarla en su beneficio como de alguna manera se ha beneficiado de su padre para debilitar el conservadurismo más radical.
Pero Donald Trump y su movimiento supremacista no son los únicos perdedores que han revelado las elecciones de Término Medio. Y entre los ganadores, el mayor beneficiado ni siquiera es mencionado en los medios desvergonzadamente controlados por una narrativa preestablecida. Ha perdido la paz y ha triunfado el guerrerismo. De hecho, de los candidatos prominentes que endorsó Donald Trump, los que ganaron lo hicieron no porque sean promotores de falacias y mitos imposibles de Qanon, sino porque se declararon contrarios al financiamiento ilimitado de la guerra en Ucrania, aunque este aspecto nadie lo resalta, porque en Estados Unidos prevalece una censura de tal envergadura que ha llegado ha convertirse en autocensura para muchas personas, y está claro que por el momento ese conflicto lejano no es el problema más apremiante para el electorado. Cosa diferente será ya cuando llegue el momento de elegir a un nuevo presidente en 2024, porque algo que está muy claro es que la situación nacional y mundial será completamente distinta a la actual y la forma de aproximarse a los electores deberá también ser muy diferente.
Por ejemplo, a nivel nacional, el movimiento del trumpismo podría convertirse en un nuevo partido político, fuera del control republicano, totalmente anti «establishment» y pasarse a llamar con el acrónimo de una expresión que soltó Donald Trump la noche que se declaró candidato presidencial para las elecciones de 2024: MAGAGAP (Make America Great and Glorious Again Party, Partido Hacer América Grande y Gloriosa Nuevamente) con una candidatura irresistible, digamos por ejemplo, Ivanka Trump, renunciando a esas figuras que están de alguna manera relacionadas con actos ilícitos y hasta de tipo criminal y gansteril. También no hay duda que el Partido Demócrata demostrará una vez más su enorme capacidad de maniobra y brillantez de reelaboración de estrategia configurando un ambiente favorable no para una reelección de Joe Biden, instrumento fatídico en la destrucción del país de sus antepasados, sino para una continuidad del partido en la Casa Blanca, promoviendo un candidato ante el cual ningún DeSantis o Trump tendría posibilidades; un líder de la estatura política y visión estratégica como la que en este momento representa el gobernador del estado de California, Gavin Newsom, obviando el hecho de que él ha declarado que no tiene aspiraciones presidenciales, claramente con el propósito de no disminuir la figura del actual presidente.
También por seguro que Europa habrá tenido muchos cambios, producto de las crisis que irán en aumento como resultado del agravamiento de las condiciones de vida de la ciudadanía y los influjos migratorios. La censura impuesta a los medios de comunicación no evitará que a la larga la mayoría de la población se dé cuenta del carácter belicoso y guerrerista de los actuales dirigentes de la Unión Europea, y que los políticos etiquetados de ambientalistas o social demócratas son peores que los descaradamente reaccionarios de derecha, que no son más que la descendencia del fascismo y el nazismo, que se han quitado la careta para mostrarse tal como son y declarar abiertamente en la voz del anacrónico fascista español Joseph Borrell que Europa es un bello jardín y que el resto del mundo es una jungla de la que debe protegerse.
De modo que el verdadero ganador de las recién celebradas elecciones en Estados Unidos ha sido nuevamente el «establishment» que ya tiene proyectado los posibles escenarios para también salir victorioso en 2024. Han perdido las organizaciones y personas de buenas intenciones, amantes de la paz, que son mayoría en cualquiera de los bandos políticos, porque en un sistema que ha sido diseñado para negar las aspiraciones mayoritarias, no hay manera de satisfacerlas a través de los procesos electorales por muy limpios y transparentes que estos sean.

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