Kora, la Hija de Butades

Se ha observado que la condición social de la mujer ha permitido generalmente medir el grado de desarrollo intelectual y cultural de una nación.


 Aunque en general, en la antigüedad, pocas mujeres griegas manejaban el lápiz o el cincel, y se mantenían sistemáticamente en un grado de relativa ignorancia, se encuentra, en el umbral de la historia del arte, el nombre de una, el de Kora, o como también ha sido llamada, Calírroe, la hija de un alfarero muy reconocido de nombre Butades, originario de Corinto, que se dice que residía en Sición a mediados del siglo VII antes de la Era Cristiana. Plinio el Viejo relata que ella ayudaba a su padre a modelar arcilla. Los resultados de su trabajo se exponían en estantes al frente de su vivienda, mismos que los compradores generalmente dejaban vacíos antes del anochecer. Era ocupación de su hija, dice un cronista imaginativo, llenar los jarrones más elaborados con flores selectas, que los jóvenes venían temprano a mirar, con la esperanza de echar un vistazo a la agraciada doncella artista.

 Cuando iba envuelta en su velo al mercado, a menudo encontraba a un joven, que luego se convirtió en asistente de su padre en sus labores. Era hábil, con mucho aprendizaje desconocido para la aislada muchacha, y era habilidoso también para tocar la caña; y la existencia cotidiana del padre, la hija y el enamorado presentaba una ilustración de la vida y la belleza griegas. En cierto momento el joven se vio obligado a partir, pero antes de marcharse, los votos de compromiso fueron intercambiados entre él y Kora.

 La víspera de la partida fue triste. Mientras se sentaban juntos en la claridad de la lumbre, la doncella se levantó repentinamente, y, tomando un pedazo de carbón puntiagudo del brasero, le pidió al joven que se estuviera quieto, y trazó en la pared el contorno de su excelente perfil griego, como un recordatorio cuando estuviera lejos. Butades vio el boceto que ella había hecho y reconoció el parecido. Cuidadosamente llenó el contorno con arcilla, y se formó un medallón completo. ¡Fue el primer retrato en relieve! ¡Así nació un nuevo arte en el mundo, cuyo desarrollo trajo fortuna y fama al inventor! La historia es, al menos, tan probable como la de Saurias, el de Samos, descubriendo las reglas del bosquejo y contornos de la sombra de su caballo. No fue ni la primera ni la última vez que el amor se convirtió en maestro. ¿No podría la fábula de Memnón, por lo tanto, encontrar su realización?

 Se cuenta que Butades, que había agregado bustos a sus medallones, se hizo tan célebre que muchos estados griegos reclamaban el honor de su nacimiento; y que el amante de su hija, que regresó para casarse con ella, modeló figuras enteras en Corinto. Se instituyó una escuela de modelaje por este tiempo en Sición, de la cual Butades fue el fundador.

Fuente:

Women artists in all ages and countries
E. F. Ellet
Harper and Brothers,1859
New York, USA.

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