Mucha gente en el mundo anglosajón (y también hispánico) supo por primera vez sobre la existencia del País Vasco a través de la novela de Ernest Hemingway, publicada en 1926, The Sun Also Rises (que en español se publicó con el título Fiesta), cuyo relato se enfoca en un grupo de personajes que forman parte de lo que se consideró la Generación Perdida de entre guerras, quienes viajan por Europa Occidental después de finalizada la Primera Guerra Mundial. Hemingway le tomó cariño al País Vasco por la resiliencia de su gente, su determinación y su historia trágica.
Geográficamente atrapados entre el norte de España y el sur de Francia, los vascos han estado luchando por la libertad desde que fueron anexados por España en el siglo XVI. Durante la Guerra Civil española, el dictador fascista Francisco Franco llevó este conflicto a nuevas dimensiones cuando prohibió el idioma vasco, suspendió los derechos de esta población y bombardeó la ciudad de Guernica, lo que llevó a Pablo Picasso a crear su famoso óleo así titulado.
En Euskadi, nombre autóctono del país, la política está estrechamente entrelazada con el lenguaje que allí se habla, llamado euskera, el cual no se parece en nada al español, ni tampoco al francés. De hecho, este idioma es tan fundamentalmente distinto de sus vecinos que los lingüistas dudan incluso de que se haya originado en el indoeuropeo, la familia lingüística que dio lugar al islandés, el ruso, el hindú y prácticamente todo lo demás. Como único aislado lingüístico de Europa, el origen del euskera es un misterio que aún no se ha clarificado.
Muchos estudiosos han investigado el problema vasco a lo largo de los años, cada uno proponiendo una solución diferente. Se ha sugerido que el euskera es un antecesor y un superviviente del ibérico, un idioma no indoeuropeo que se hablaba en la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. El euskera también se ha relacionado con varias lenguas habladas en el Cáucaso, así como con los bereberes saharianos, una etnia preárabe del norte de África.
Hasta hace poco, se creía que los vascos descendían de una población paleolítica relicta que no se vio afectada por las migraciones prehistóricas que dieron forma al resto de Europa, lo que explicaría que el euskera no guarde similitudes con las lenguas romances y germánicas. Esta hipótesis ha sido desmentida por investigaciones genéticas recientes, que indican que el País Vasco no se aisló culturalmente de otras sociedades europeas hasta mucho más tarde, durante las ocupaciones romana e islámica de la Península Ibérica.
Si bien el espíritu independiente de los vascos indudablemente contribuyó a su aislamiento, el factor definitorio parece haber sido la propia geografía del país. Protegido por el golfo de Vizcaya y las montañas de los Pirineos, el terreno accidentado ahuyenta a los extranjeros con la misma facilidad con la que evita que se vayan los que viven allí. La genética no ha hecho sino hacer más desconcertante la historia del idioma vascuence. La pregunta que surge es que si los vascos están emparentados con los indoeuropeos de alguna manera, ¿por qué no lo está su lengua? Hasta ahora, se desconoce la respuesta.
La singularidad y persistencia del euskara ha llevado a los gobiernos centralistas de España y Francia a considerar a los vascos como una amenaza a su hegemonía política, amenaza supuesta que ha sido utilizada para justificar su discriminación, marginación y persecución. Durante la Revolución Francesa, la lengua fue juzgada agente del catolicismo y, por tanto, enemiga de la Ilustración; en España, bajo Franco, fue etiquetado como el enemigo de Dios.
La opresión española de los vascos continuó después de la dimisión de Franco. En 2003, Egunkaria, el único periódico publicado íntegramente en euskera, fue clausurado por el gobierno español después de que sus editores fueran acusados de conspirar con el grupo separatista ETA. Llevando la peor parte de una administración conservadora, los empleados del periódico, que el Ministro de Justicia José María Michavila calificó como “un instrumento para la acción terrorista”, fueron arrestados, encarcelados y presuntamente torturados.
El episodio generó críticas de organizaciones y activistas de derechos humanos, incluyendo algunos que han sido relacionados con el establishment, tales como los británicos Amnistía Internacional y el autor Salman Rushdie. Las denuncias de tortura nunca fueron investigadas; pero los empleados fueron absueltos de los cargos mientras que el cierre fue condenado en los tribunales. Desde entonces, el gobierno español ha reconocido una identidad vasca separada y ha otorgado una importante autonomía económica y política a la región, concesiones que aún no se han hecho en el lado francés de la frontera.
Cientos de años de persecución han pasado factura al idioma euskera y a la cultura vasca en general. En un tiempo, el vascuence se hablaba en un área que se extendía desde Bilbao hasta Barcelona; pero fue casi exterminado por el dictador Franco, aunque se recuperó un poco después de su muerte en 1975. Habiendo estado prohibido prohibido en el pasado su uso público, ahora se usa en la televisión, en la música y en los periódicos. En todo el País Vasco, las señales de tráfico y los nombres de las calles están escritas en euskera, a veces junto con traducciones al español, y a veces no.
La literatura vasca, que anteriormente estaba en peligro de extinción, actualmente está experimentando un renacimiento. Uno de los libros más célebres de la lengua, Martutene de Ramón Saizarbitoria, explora la complicada relación entre la lealtad afectiva a un grupo y el compromiso consciente con una causa abstracta, dos motivos constantes y ulteriores de la historia vasca. En retrospectiva, el intento de Franco de destruir el euskara ayudó a asegurar su supervivencia. Después de todo, fue bajo su gobierno que el idioma se convirtió no solo en un medio de comunicación sino en un símbolo de resistencia contra la opresión.

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