Desde el mes de julio de 2022 un total de 357 libros han sido prohibidos en varios distritos escolares del estado de la Florida, Estados Unidos. Esta significativa cantidad se suma a otras 200 obras que ya habían sido retiradas de los estantes de las libreras de otras escuelas, de acuerdo con la información proporcionada por The Miami New Times, que a su vez se basa en los datos recogidos por la organización no gubernamental PEN America. Entre los títulos seleccionados para ser prohibidos se encuentran los de algunas obras muy destacadas de la literatura inglesa y universal, incluyendo de William Shakespeare y John Milton, cuyo El paraíso perdido parece no haber evadido el terrible escrutinio de los individuos más retrógrados de la ultraderecha fascista.
Es muy difícil imaginar el desarrollo académico de un estudiante cuando se le niega el acceso a las obras literarias que son determinantes para la expansión del entendimiento de la dinámica del desarrollo histórico de las sociedades y su evolución. Pero es más absurdo aún que las fuerzas retrógradas que se empecinan en negar este acceso no hayan comprendido que es imposible impedir el avance del conocimiento humano con prohibiciones, tal como lo demuestra la Historia, que en sus páginas contiene el relato de una horripilante Inquisición, que pese a todos sus crímenes, incluyendo los de tipo cultural como la quema de libros, no logró su cometido, sino que resultó contraproducente.
¿Por qué retirar de los estantes El paraíso perdido de John Milton cuando es una obra cuyo propósito es presentar una amplia y detallada interpretación de la pérdida de la inocencia de los humanos tal y como se describe en el Génesis del Antiguo Testamento? ¿Por qué prohibir una obra que hasta el día de hoy es considerada uno de los mejores poemas épicos en lengua inglesa, que no solo es importante como un hito de la literatura occidental, sino también por la influencia que ejerció en la Reforma protestante?
Fue el marcado interés de John Milton por la Antigüedad clásica que lo condujo a Italia en 1638, donde se reporta que fue especialmente feliz, en Roma; pero que, tiempo después, se sintió obligado a regresar a su tierra cuando recibió la noticia de la inminente Guerra Civil entre los parlamentarios y los partidarios del rey Carlos I, a propósito de lo cual expresó:
... porque pensé que era importuno viajar por
diversión en el extranjero, mientras mis conciudadanos
luchaban por la libertad en casa.
Según ha quedado registrado, John Milton apoyó la causa parlamentaria y tenía grandes esperanzas en la nueva Inglaterra que podría surgir bajo el gobierno de Oliver Cromwell. En su panfleto Areopagítica (23 de noviembre de 1644), expresó estas esperanzas y defendió firmemente la libertad de prensa.
Aunque se había quedado totalmente ciego en 1652, Milton se desempeñó durante varios años como alto funcionario en el gobierno de Cromwell; pero la Restauración triunfal de Carlos II en 1660 le obligó a retirarse de la vida pública, lo que le permitió iniciar la creación de su gran poema épico cristiano El paraíso perdido.
El tema del poema, el pecado original de Adán y Eva y las miserias del mundo hasta que ocurra la venida de Cristo, se presenta en las primeras líneas, que expresan:
De la primera desobediencia del hombre y del fruto
De ese árbol prohibido cuyo sabor letal
Trajo la muerte al mundo, y todo nuestro dolor,
Con pérdida del Edén, hasta que un gran Hombre
Nos restaure, y recuperemos el asentamiento dichoso...
Según el poema, el responsable de la corrupción de Adán y Eva es el Diablo, quien previamente había sido expulsado del Cielo junto con sus ángeles rebeldes, por tratar de derrocar a Dios:
... ellos mismos se lanzaron de cabeza
Abajo, desde el borde del cielo: la ira eterna
Quemó tras ellos hasta el pozo sin fondo.
Se ha dicho que el poema se inspiró en parte en los impresionantes frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Sobrevive como un gran poema porque Milton ha descrito a sus personajes bíblicos con una profunda perspicacia psicológica. Dios y el Diablo, en particular, emergen como figuras vívidas y contundentes. El poeta deja claro que la expulsión de Adán y Eva del Edén es justa. Aunque había sido advertida, Eva había probado el fruto prohibido con pleno conocimiento de las consecuencias y en plena posesión de su propia voluntad. El Arcángel saca a Adán y Eva del Paraíso. Pero las líneas finales del poema son serenamente optimistas sobre su futuro en la Tierra:
Algunas lágrimas naturales derramaron, pero las secaron pronto:
El mundo estaba todo delante de ellos, dónde elegir
Su lugar de descanso, y la Providencia su guía.
Ellos, tomados de la mano, con pasos errantes y lentos,
A través de Edén tomaron su camino solitario.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario