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| Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús |
La causística jesuita fue desenmascarada y demolida por Blaise Pascal (1623-1662) en sus Cartas a un provinciano (1656), obra que causó mucho revuelo en los sectores intelectuales religiosos de Europa en esa época. La Orden de los Jesuitas, o Compañía de Jesús, fue fundada en 1540 por el exmilitar (convertido en religioso) Ignacio de Loyola, contando con la aprobación del papa Paulo III. Su historia ha sido escabrosa, con acusaciones frecuentes de casuística. En sus Cartas provinciales, Blaise Pascal aborda de manera brillante muchos de los señalamientos hechos a los seguidores del general Loyola.
La Compañía de Jesús solamente es una de las tantas variantes con que la Iglesia Católica cuenta para llegar a los distintos sectores creyentes de la sociedad, y cuya función es, en concordancia con las características específicas del sector que le corresponde, la consolidación de los principios del fascismo que en los tiempos actuales se presenta evolucionado como globalismo. Esto es así desde que el papa Pío XI firmó los pactos de Letrán en 1929 con el régimen de Benito Mussolini, iniciador del fascismo en Italia, del cual surge como variante alemana el nazismo. Bajo esos acuerdos, el estado fascista italiano le cedió a la Iglesia Católica el control de la educación del nuevo individuo al servicio del Estado, y esta en cambio se comprometió a cooperar en todo lo necesario para el sostenimiento del régimen, algo que quedó bien demostrado cuando el Vaticano se hizo cargo de todos los aspectos organizativos y logísticos que facilitaron el traslado de innumerables criminales nazi-fascistas a Sudamérica y otros países, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Sabiendo esto no resulta nada extraño que los jesuitas a cargo de la Universidad Católica de Chile hayan patrocinado y sostenido una presentación por video del presidente de Ucrania, Vladimiro Zalunsky en agosto de 2022, misma que fue retransmitida por 230 universidades afines al nazismo, pues bien se sabe que el origen del conflicto ucraniano es el terror nazi desencadenado contra la población de ascendencia rusa en ese país desde 2014. Por lo tanto, tampoco es sorpresa que el papa Francisco (que hasta entonces había logrado atraerse cierto respeto hasta de los más escépticos) haya recibido en la Santa Sede a las esposas de los nazis ucranianos que han estado asesinando personas civiles en Donbass, y que haya intercedido para que fueran liberados.
Tampoco sorprende que ahora que en Nicaragua, con mucho retraso, se está haciendo justicia contra aquellos que provocaron la violencia en 2018 que causó centenares de víctimas, los religiosos católicos pongan el grito en el cielo, puesto que son maestros de la manipulación y el descaro para apelar a sus feligreses a movilizarse y crear más caos. El procedimiento de un nazi supremacista es muy típico y simple como para no descifrarlo. Pero hemos llegado a un tiempo donde demasiadas cosas han sido reveladas y, aunque momentáneamente los preservadores de la injusticia logren manipular a algunos, la tendencia en el largo plazo es que están condenados a ser derrotados definitivamente.
En Ucrania se está persiguiendo con empleo de tácticas de terror a la Iglesia Ortodoxa Cristiana, y sin embargo, los religiosos católicos y los defensores de la libertad de culto guardan un silencio sepulcral. No obstante, no les alcanza la voz para condenar al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aunque no es él, sino las instituciones pertinentes las que están a cargo de los procesos judiciales en contra de los promotores del terror y la violencia en 2018, del mismo modo que la justicia en Estados Unidos está actuando contra los cabecillas de la violencia en el Capitolio en enero de 2021.
En San Salvador había un dicho muy popular en el pasado, que se empleaba cuando alguien trataba de echarle a uno un cuento falso, y que bien podría dirigirse a los quejumbrosos religiosos: “Andá dale paja a valija”, que traducido a español estándar podría ser así: "Vete a lavarle el cerebro a otro."
La Compañía de Jesús solamente es una de las tantas variantes con que la Iglesia Católica cuenta para llegar a los distintos sectores creyentes de la sociedad, y cuya función es, en concordancia con las características específicas del sector que le corresponde, la consolidación de los principios del fascismo que en los tiempos actuales se presenta evolucionado como globalismo. Esto es así desde que el papa Pío XI firmó los pactos de Letrán en 1929 con el régimen de Benito Mussolini, iniciador del fascismo en Italia, del cual surge como variante alemana el nazismo. Bajo esos acuerdos, el estado fascista italiano le cedió a la Iglesia Católica el control de la educación del nuevo individuo al servicio del Estado, y esta en cambio se comprometió a cooperar en todo lo necesario para el sostenimiento del régimen, algo que quedó bien demostrado cuando el Vaticano se hizo cargo de todos los aspectos organizativos y logísticos que facilitaron el traslado de innumerables criminales nazi-fascistas a Sudamérica y otros países, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Sabiendo esto no resulta nada extraño que los jesuitas a cargo de la Universidad Católica de Chile hayan patrocinado y sostenido una presentación por video del presidente de Ucrania, Vladimiro Zalunsky en agosto de 2022, misma que fue retransmitida por 230 universidades afines al nazismo, pues bien se sabe que el origen del conflicto ucraniano es el terror nazi desencadenado contra la población de ascendencia rusa en ese país desde 2014. Por lo tanto, tampoco es sorpresa que el papa Francisco (que hasta entonces había logrado atraerse cierto respeto hasta de los más escépticos) haya recibido en la Santa Sede a las esposas de los nazis ucranianos que han estado asesinando personas civiles en Donbass, y que haya intercedido para que fueran liberados.
Tampoco sorprende que ahora que en Nicaragua, con mucho retraso, se está haciendo justicia contra aquellos que provocaron la violencia en 2018 que causó centenares de víctimas, los religiosos católicos pongan el grito en el cielo, puesto que son maestros de la manipulación y el descaro para apelar a sus feligreses a movilizarse y crear más caos. El procedimiento de un nazi supremacista es muy típico y simple como para no descifrarlo. Pero hemos llegado a un tiempo donde demasiadas cosas han sido reveladas y, aunque momentáneamente los preservadores de la injusticia logren manipular a algunos, la tendencia en el largo plazo es que están condenados a ser derrotados definitivamente.
En Ucrania se está persiguiendo con empleo de tácticas de terror a la Iglesia Ortodoxa Cristiana, y sin embargo, los religiosos católicos y los defensores de la libertad de culto guardan un silencio sepulcral. No obstante, no les alcanza la voz para condenar al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aunque no es él, sino las instituciones pertinentes las que están a cargo de los procesos judiciales en contra de los promotores del terror y la violencia en 2018, del mismo modo que la justicia en Estados Unidos está actuando contra los cabecillas de la violencia en el Capitolio en enero de 2021.
En San Salvador había un dicho muy popular en el pasado, que se empleaba cuando alguien trataba de echarle a uno un cuento falso, y que bien podría dirigirse a los quejumbrosos religiosos: “Andá dale paja a valija”, que traducido a español estándar podría ser así: "Vete a lavarle el cerebro a otro."

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