Jane Austen y el Esclavismo


Debo reconocer que desde que leí una novela de Jane Austen, experimenté el deseo de leer más obras de ella, hasta que completé las seis que escribió, quizás atraído por lo mismo que a través del tiempo ha encantado a quienes las han leído: La sobriedad y sencillez de su escritura; la simplicidad de las tramas que las hace muy cercanas a lo verosímil; el velado criticismo social por medio de la parodia y lo burlesco con cierto grado de realismo, y la caracterización distintiva de sus personajes. Esto me había pasado antes con algunos autores ingleses que –aunque no están en el mismo plano de Charles Dickens o William Shakespeare– se destacan por lo peculiar de su obra, tal el caso de Wilkie Collins y Arthur Conan Doyle.

En un artículo recientemente publicado en The New York Times, firmado por Jenny Gross, se aborda el tema de la conexión de la reconocida autora inglesa Jane Austen con el esclavismo, cosa que ha generado un debate sobre lo acertado o no de la decisión del museo que lleva su nombre de incluir ese tema en sus exhibiciones. La decisión del museo parece ser consecuencia de la discusión acerca del racismo que se inició a nivel internacional después del asesinato policial de George Floyd en Estados Unidos el año pasado, en la que los museos han afirmado su solidaridad con el movimiento Black Lives Matter, que les ha llevado a reformular cómo presentan la historia.

El museo Jane Austen's House, dedicado exclusivamente a la popular escritora, está localizado en Chawton, Gran Bretaña, donde ella vivió desde 1809 hasta poco antes de su muerte en 1817 a los 41 años. La directora de dicha institución, Lizzie Dunford, tocó un nervio cuando dijo que incluiría detalles sobre escritora y los vínculos de su familia con la trata de esclavos, incluido el hecho de que su padre era administrador de una plantación de azúcar en la isla caribeña de Antigua. De acuerdo con el artículo mencionado, la directora dijo a The Daily Telegraph que las exhibiciones actualizadas también explorarían el contexto más amplio de la época en que vivía Jane Austen, cuando los miembros de su familia consumían productos de la trata de esclavos como té, algodón y azúcar.

«La trata de esclavos y las consecuencias del colonialismo de la era de la Regencia afectaron a todas las familias de recursos durante el período. La familia de Jane Austen no fue la excepción», expresó Dunford, y agregó que «Este es solo el comienzo de un proceso constante y considerado de cuestionamiento histórico».

Ante dichas declaraciones, la reacción de la prensa sensacionalista británica fue instantánea. The Express calificó la decisión de «despertar la locura», mientras que The Daily Mail espetó que era «un ataque revisionista» y un «cuestionamiento inspirado en BLM» del amor de la autora por beber té. Luego, el museo emitió una declaración expresando que «nunca tuvo la intención de interrogar a Austen, sus personajes o sus lectores por beber té». Más adelante, el museo explicó en un comunicado que los visitantes habían preguntado cada vez más sobre la conexión de Jane Austen con la trata de esclavos, que fue prohibida en el Imperio Británico en 1807. «Por lo tanto, es apropiado que compartamos la información y la investigación que ya existe sobre sus conexiones con la esclavitud y su mención en sus novelas». En un comunicado enviado a The New York Times, Lizzie Dunford dijo que el papel del museo era defender lo que ella llamó el genio atemporal de Austen. «La sugerencia de que haríamos cualquier cosa para desacreditar esto es indignante», expresó.

Explica el rotativo estadounidense que los planes del museo surgen en medio de un examen más amplio del legado del Imperio Británico y su papel en la trata de esclavos. El año pasado, la estatua de un comerciante de esclavos del siglo XVII fue derribada en Bristol, Inglaterra, y el National Trust, una organización benéfica de conservación, reveló que un tercio de las propiedades que administra tenían vínculos directos con el colonialismo o la esclavitud.

La casa de la escritora en Hampshire, a poco más de 80 km al suroeste de Londres, es «el sitio de Austen más preciado del mundo», según el sitio web del museo. Los fanáticos, conocidos como Janeites, pueden ver las habitaciones donde la autora escribió o revisó sus seis novelas y pueden caminar por su jardín. En un recorrido virtual por su vivienda el pasado 23 de abril, dos guías le contaron a un grupo de más de 30 fanáticos de Jane Austen sobre su vida, incluyendo cómo hizo su tinta, su comida favorita y sobre la chimenea junto a la cual leyó Orgullo y prejuicio en voz alta por primera vez después de su publicación; pero no mencionaron nada del colonialismo ni de la trata de esclavos.

La fundadora y presidenta de Republic of Pemberley, un grupo de admiradores de Austen de 500 miembros, declaró que no tenía ningún problema con que el museo agregara contexto sobre el colonialismo. Sin embargo, no quería que la discusión sobre raza y eventos actuales se desbordaran en las conversaciones del grupo sobre las novelas de la escritora, añadiendo que había sofocado algunos debates acalorados. «No queremos combates», dijo Myretta Robens, sobre su grupo de fanáticos, y refiriéndose a dos de los personajes más conocidos de Austen, expresó: «Es difícil hablar sobre Elizabeth y el Sr. Darcy y hablar sobre el entorno actual en el mismo foro».

Claudia L. Johnson, profesora de la Universidad de Princeton que escribió el libro Jane Austen’s Cults and Cultures, dijo que los lectores han idealizado a la escritora desde mediados del siglo XIX, cuando la sociedad estaba experimentando cambios rápidos debido a la industrialización. «Una gran parte de sus lectores siempre ha querido aislarla del tipo de alboroto desordenado de la historia e imaginar que vivía en este mundo más tranquilo y civilizado», expresó. «Existe este profundo anhelo de aislar a Austen de todas las tormentas y tensiones de la modernidad».

En el artículo de The New York Times se señala acertadamente que las novelas de Jane Austen tratan sobre una clase reducida y alta de la sociedad británica y se desarrollan en pueblos pintorescos, en su mayoría aislados de los problemas del mundo exterior. «Jane Austen está ahora en un pedestal como expresión de algo encantador, reconfortante, hermoso, ingenioso», dijo Paula Marantz Cohen, profesora de inglés y decana de la facultad de honores de la Universidad Drexel en Filadelfia. Muchos de sus fanáticos, dijo, quieren disfrutar de sus historias sobre un tiempo y un lugar más simples.

Algunos eruditos de Austen dicen que pasajes de sus novelas Emma y Mansfield Park parecen sugerir que ella apoyaba el abolicionismo, pero otros sostienen que eso no está claro, ya que pocas de sus cartas han sobrevivido; pero sus autores favoritos, Samuel Johnson, Thomas Clarkson y William Cowper, eran abolicionistas. Aún así, como casi todas las familias inglesas de recursos económicos en el siglo XVIII, la suya tenía vínculos con la trata de esclavos, según el libro Jane Austen: A Life, de Claire Tomalin.

Sherard Cowper Coles, presidente de la Jane Austen Society, al abordar el tema de la esclavitud, declaró: «Esta es la historia de Inglaterra y, a medida que aumenta nuestra comprensión, debemos contarla y actualizarla». Pero Cowper Coles, un exdiplomático que fue representante especial de Gran Bretaña en Afganistán y Pakistán en 2009-10, advirtió: «No es justo esperar que la gente tenga conciencia fuera de su tiempo. Pero igualmente, en nuestro tiempo, somos conscientes de la esclavitud, estamos viviendo con sus consecuencias en Minneapolis y muchos otros lugares».

Consultada sobre el tema, Frances Brook, una guía turística en Inglaterra que ha llevado grupos a los sitios de Austen, dijo que estaba a favor de que el museo presentara más contexto sobre la época de Austen, pero que condenarla por usar algodón y tomar azúcar en su té equivaldría a cultura de cancelación yendo un poco demasiado lejos. Como el resto de nosotros, Austen hizo cosas en su vida cotidiana que entraron en conflicto con sus puntos de vista más amplios sobre el mundo, añadió Brook, quien visitó el museo por última vez en 2017. Por su parte, el profesor Johnson de Princeton dijo que el intento del museo de agregar contexto a la vida de Austen no aplacaría el entusiasmo de los lectores por ella.

Realmente es absurdo siquiera intentar juzgar y más condenar a un autor del pasado bajo los estándares morales que el desarrollo histórico-social nos permite esgrimir en la actualidad, porque al hacerlo quedarían anulados todos, desde Aristóteles y Sócrates, pasando por Dante y Hugo, Tolstoy y Gogol, y cuantos hayan vivido en una época diferente, porque son muy raros los seres que pueden estar adelante de su tiempo.

Enlace al artículo de The New York Times:

https://www.nytimes.com/2021/04/27/world/europe/jane-austen-slavery-museum.html

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