Tauro (21 de abril-20 de mayo), segundo signo del zodíaco, se sitúa entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano. Símbolo de una gran capacidad de trabajo, de todos los instintos y principalmente del de conservación, de sensualidad y de propensión exagerada a los placeres. Este signo está gobernado por Venus, según la jerga astrológica; es decir que esta parte del cielo se encuentra en perfecta e íntima armonía con la naturaleza de este planeta.
El signo de Tauro se encuentra asociado a la simbólica de la materia prima, de la substancia inicial, asimilable a la Tierra como elemento, a la tierra maternal. Si a Aries se le reserva la cinética del fuego original encarnado por un animal seco, hiperviril, dominado por una masa craneana proyectada de un brinco hacia arriba y hacia adelante, en Tauro se presenta la estática de una masa portadora de vida, caracterizada por una potente criatura de formas llenas, con predominio horizontal y ventral. Aquí reina un espíritu de gravedad, pesadez, gordura, lentitud, estabilidad, solidez, densidad, consistencia… Este signo hiperfemenino se liga al valor de un sentido plenamente terreno, en la línea de una sinfonía en verdes pastos. En el concierto zodiacal, la partitura de Tauro se asimila a un canto báquico a la gloria de Venus, la Venus genitrix, toda de carne palpitante y de sangre bermeja, llena y vibrante de emanaciones telúricas; canto de plenitud lunar en la exaltación de la madre naturaleza. Tauro da una naturaleza animal, de complexión instintiva y especialmente rica en sensorialidad: vivir en ese universo es olfatear, saborear, palpar, ver, oír… Es abandonarse a la apetencia de los alimentos terrenos, es librarse a la embriaguez de los encantamientos dionisíacos. La sed de vivir se enraíza ahí en un temperamento generoso de vitalidad sólida y de temple robusto. Y puede estancarse tanto en una vida de placer, llena de pasiones, como bajo el yugo del trabajo, para satisfacer los apetitos del poseer.
Fuente:
Diccionario de los símbolos
Jean Chevalier & Alain Gheerbrant.
(Traducción: Manuel Silvar & Arturo Rodríguez).

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