El Conflicto Ruso-ucraniano en Perspectiva


Mapa de Donbass

El recién pasado 24 de febrero, Rusia lanzó una operación militar especial, la cual ha justificado que es para proteger las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (DPR y LPR), después de ocho años de esfuerzos infructuosos para persuadir al régimen ucraniano y a sus patrocinadores occidentales de que observaran los Acuerdos de Minsk, aprobados en 2015 por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, ONU.

En inicio, el lanzamiento de esta operación por parte del aparataje militar ruso, pone de manifiesto la siguiente revelación: A veces quienes tienen una merecida reputación de mentirosos y falsarios, pueden decir la verdad; y aquellos a quienes se considera, tal vez inmerecidamente, más apegados a lo verdadero, pueden engañar descaradamente. Al fin y al cabo, todos pertenecen a la misma clase nefasta, la clase política.

Y es que la mayoría del mundo está tan acostumbrado a las falacias de los líderes occidentales, entiéndase Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia, que nadie ni siquiera le prestó atención a sus denuncias anticipadas de la incursión de tropas rusas en territorio ucraniano. Por otro lado, las personas que siguen la información, tomaban como verídicas las negativas que al respecto hicieron en su momento diferentes funcionarios de Rusia, encabezados por su presidente Vladimir Putin. Hay que reconocer que los aparatos de inteligencia de occidente contaban con una información precisa de los planes de Moscú, y que el presidente Joe Biden sabía perfectamente lo que estaba denunciando.

Ahora, la pregunta que surge es la siguiente: ¿Si las élites económicas y la clase política siempre se benefician de las situaciones que crean, ya sea a nivel nacional e internacional, de qué modo se beneficia Occidente con esta guerra?

El medio ruso Sputnik International publicó las declaraciones del exmiembro del Parlamento Europeo entre 2009 y 2014, Nick Griffin, quien es además un político de carrera británico. Aquí se reproducen algunas de sus opiniones en torno a ese conflicto, que revelan lo que él considera serían los logros de Estados Unidos y sus aliados como resultado del conflicto bélico ruso-ucraniano.

«El régimen de Kiev nació a través de una revolución de color organizada y financiada por los servicios de inteligencia de la OTAN, con el objetivo específico de utilizar a Ucrania para hacer retroceder, presionar y desacreditar a Rusia». Seguidamente, se formula la siguiente pregunta: «¿Por qué alguien pensaría que tal régimen daría la vuelta y haría un trato sensato que habría apaciguado toda la situación? Además de eso, cualquier esfuerzo serio para negociar la paz habría llevado a la presión masiva sobre el gobierno por parte de las bandas neonazis que proporcionaron las tropas de choque para el golpe de Maidan».

Cabe recordar aquí que los Acuerdos de Minsk I y Minsk II habían sido negociados en 2014 y 2015, respectivamente, por el grupo de países conocido como los Cuatro de Normandía, integrado por Rusia, Francia, Alemania y Ucrania. Moscú, París y Berlín fueron los garantes de esos acuerdos destinados a reparar las relaciones entre Kiev y las dos repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk en Ucrania. La OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) se encargaría de monitorear la situación y asegurar un alto al fuego entre las partes involucradas.

El acuerdo preveía negociaciones directas entre las partes en conflicto, la autonomía del Donbass, el alto al fuego y la retirada del armamento pesado de la línea de contacto. Sin embargo, el gobierno de Kiev no solo se negó a mantener conversaciones directas con DPR y LPR, sino que también continuó bombardeando las regiones disidentes durante casi ocho años.

«El régimen de Kiev nunca ha tenido ni el deseo ni la capacidad de otorgar a la gente de Donbass la paz y el respeto que habrían permitido un arreglo pacífico», expresó Griffin, quien añade que por su parte, Estados Unidos se benefició del conflicto por varias razones, siendo la más importante «la rusofobia innata de varios elementos poderosos dentro de las estructuras de poder de Occidente». La segunda razón era evitar un acercamiento económico y político a largo plazo entre Alemania y Rusia y, por lo tanto, también con China. El tercero fue apuntalar la industria del gas de esquisto de Estados Unidos, cargado de deudas, al obligar a Europa occidental a depender de su gas natural licuado (GNL) sobrevaluado. Y, finalmente, para vengarse del «papel crucial de la Rusia de Vladimir Putin en el bloqueo de su intento de utilizar a los terroristas yihadistas para destruir Siria, Irak y el Líbano», de acuerdo con el exparlamentario británico.

El bombardeo del ejército ucraniano y las fuerzas neonazis ha sido una característica constante en DPR y LPR durante los últimos ocho años. Según la ONU, más de 13,000 personas murieron en la región de Donbass desde el golpe de Estado de 2014 en Ucrania. Según informa el medio Sputnik International, entre agosto y octubre de 2021, en el pueblo de Slavyanoserbsk, en el área de la zona residencial Sokogorovka Pervomaisk, el pueblo de Vidnoye-1 cerca de Lugansk y en las afueras de la aldea de Verkhneshevyrevka, distrito de Krasnodonsky, se descubrieron cinco fosas comunes, según el Comité de Investigación de Rusia. Allí se exhumaron los restos de al menos 295 civiles, incluidas mujeres, que murieron a causa de los bombardeos indiscriminados de las fuerzas armadas ucranianas en 2014. Sin embargo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, Estados Unidos y Alemania se apresuraron a objetar la declaración de Rusia de que el trato del gobierno de Kiev a su propia población en Donbass equivalía a nada menos que un genocidio.

«Porque la ONU está bajo una fuerte presión que discrimina efectivamente a la población de Donetsk y Lugansk», declara Adriel Kasonta, analista de asuntos exteriores con sede en Londres y ex presidente del Comité de Asuntos Internacionales del grupo de expertos Bow Group. «Sus vidas no importan porque son vistos como un obstáculo en el camino de Washington para lograr sus objetivos en la región. Por lo tanto, no merecen justicia, una clara y bien conocida práctica de doble rasero ejercida por Estados Unidos. En numerosas ocasiones, como son los Amos de la Guerra, deciden a quién se le debe respetar los derechos humanos y a quién no, así es como funciona su llamado Orden Internacional basado en sus propias reglas».

La crisis de Ucrania creada y avivada por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN es «muy conveniente» para ellos, dice Nick Griffin. Según el ex eurodiputado, los estados de los Cinco Ojos (que comprenden Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) y la UE, en particular, «ahora enfrentan problemas devastadores de deuda, inflación y escasez de energía como resultado de la política impulsada para 'restablecer' su sociedad». Ahora están culpando de todos esos problemas, que estaban a punto de atribuirse a ellos, a Rusia y a su presidente, subraya Griffin.

El presidente ruso, Vladimir Putin, señaló que la operación especial en Ucrania «no es el comienzo de una guerra, sino un intento de detener una guerra global». La declaración se produjo varios días después de que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, insinuara la posibilidad de que Kiev renunciara a su condición de no nuclearización en virtud del Memorando de Budapest de 1994. Moscú tomó esta amenaza en serio dado que Ucrania heredó competitividad nuclear bastante amplia de la URSS, y alberga varias unidades nucleares, una industria nuclear bien desarrollada y escuelas científicas. Antes de esto, la OTAN dejó en claro que no se negaría a admitir a Ucrania en la alianza en el futuro.

«Estados Unidos, sus aliados y los principales medios de comunicación estaban fabricando el consentimiento al retratar a Rusia como un agresor, prestando poca atención a las preocupaciones legítimas de seguridad de Moscú», dice Adriel Kasonta. «Han estado argumentando que la 'política de puertas abiertas' de la OTAN es más importante que la seguridad común e indivisible aprobada en la cumbre de la OSCE en Estambul en 1999, y luego adoptada en la Declaración de Astana en 2010. Además, se ha prestado poca atención al hecho de que tener a Ucrania en la OTAN significaría romper la promesa de que la alianza no se expandiría «una pulgada» hacia el este, lo que fue confirmado recientemente por la prensa alemana». Aparentemente, han asumido que Moscú «se vería coaccionado psicológicamente por su campaña de propaganda» y tendría que permitirles continuar con sus planes ofensivos sin ninguna resistencia significativa, según el analista de asuntos exteriores.

Kiev y la OTAN recurrieron a estas flagrantes provocaciones, siendo muy conscientes de que Rusia percibía ambas posibilidades como graves amenazas a la seguridad, porque pensaban que era una situación en la que todos ganaban, argumenta Griffin. «Si Rusia hubiera parpadeado, entonces el largo avance de los misiles occidentales hacia Moscú habría continuado», dice el eurodiputado británico. «Si Vladimir Putin pisara firme, entonces obtendrían su excusa para las sanciones y una vasta, y muy rentable, expansión del complejo militar-industrial».

En cuanto a Volodymyr Zelensky, claramente no tiene nada que perder, puesto que su popularidad ya se había hundido y su propia gente lo estaría expeliendo de su cargo por acusaciones de corrupción, según Griffin. «De esta manera, es más probable que tenga una carrera larga y bien remunerada al frente de un 'gobierno en el exilio' en Estados Unidos o Canadá», señala el político británico, y agrega que «son los ucranianos de a pie quienes pagarán el precio de esta locura, no sus líderes».

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