El Honor de ser Subversivo

Aquí se reproduce textualmente una nota esditorial escrita por Jorge Pinto hijo, publicada el 29 de marzo de 1980 en el periódico El Independiente, del cual era Director. Sus líneas fueron motivadas por la reciente muerte de monseñor Oscar Arnulfo Romero, y en ellas destaca el compromiso de lucha del ahora Santo, y con el cual él, Jorge Pinto, se siente identificado.


El Honor de ser Subversivo

Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez fue calificado una y mil veces, en enormes campos pagados en los periódicos, de subversivo, generalmente por el Gobierno. Daba la impresión de que al Arzobispo de San Salvador le gustaba ese calificativo. Es como si todas las mañanas él desayunaba con los campos pagados y si no aparecían, Monseñor se ha de haber preguntado: ¿qué de malo habré hecho yo este día?


Yo creo que en el momento actual todo el pueblo salvadoreño es subversivo. Yo me siento subversivo y me gustaría haberme puesto en lugar de él, porque si bien he buscado siempre soluciones pacíficas para mi país y si bien he creído siempre en el diálogo y en la fuerza de la inteligencia, el objetivo de mi vida ha sido principalmente subvertir este sistema corrupto y egoísta, que Monseñor combatió con heroísmo desde el púlpito.

En su última Homilía, la que dijo en honor de mi madre, una mujer cuyo esposo fue ametrallado por policías en una celda de la policía nacional, porque Jorge Pinto fue sacrificado como Monseñor Romero, en esa homilía, pues, expresó el Prelado, «quien quiera apartar así el peligro perderá su vida. En cambio aquél que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás este vivirá como el granito de trigo que muere —pero aparentemente muere—. Si da cosecha es porque muere».

Y monseñor Romero, que tuvo como Asesinos los mismos de Jorge Pinto el 2 de abril de 1944, en una celda de la Policía Nacional, en esta ya larga dictadura militar de 47 años, Monseñor Romero murió aparentemente y dará cosecha como él lo profetizó en aquella Homilía dedicada a nuestra querida Sarita «Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos —dijo— sabemos que todo el esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan hundida en la injusticia y en el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige: cuando se encuentra uno, pues, gente generosa como doña Sarita y su pensamiento encarnado en Jorgito y en todos aquellos que trabajan por estos ideales...»

Lo recuerdo comiendo humildemente un poco de frijoles en mi casa, su voz llena de esperanza por el país, su mirada brillante de fe, fe en nosotros «en todos aquellos que trabajan por estos ideales...», fe en el pueblo, fe en el alma nacional que no puede hoy hacer otra cosa que responder a los criminales sin miedo a la muerte, como él lo hubiera querido y como lo dijo en el día de su muerte: «Yo creo que hay un empalme ahora de esperanza y de lucha en este aniversario. Recordamos pues, con agradecimiento a esa mujer generosa que supo, comprender las inquietudes de su esposo, de su hijo y de todos aquellos que trabajan por un mundo mejor». Por eso es que yo ahora me siento subversivo. Por eso es que ahora soy subversivo, porque quiero subvertir los cimientos corruptos que están ahogando al pueblo salvadoreño y hago un llamado para que ese cadáver que ahora está tendido en la Catedral represente para nosotros su verdadero significado y cada uno nos propongamos a subvertir esta sociedad «de pecado» para convertirla en un mundo de justicia para todos que es el único camino hacia la paz y hacia la democracia verdadera. Que de la muerte de Monseñor brote una revolución verdadera, que no sea falsa y que no la hagan los traidores.

Jorge Pinto





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