En una reciente encuesta realizada por NewsNation/Decision Desk HQ se ha concluido que el electorado estadounidense preferiría candidatos a la presidencia para las elecciones de 2024 que no hayan ocupado ya la silla presidencial de la Casa Blanca. La cuestión central de la consulta era establecer una medición de cuánto apoyo obtendría un contendiente a la presidencia en 2024 que no sea ni el actual mandatario Joe Biden, ni el expresidente Donald Trump, en comparación con el respaldo que los electores brindarían a otros posibles competidores en las elecciones, los más reconocidos de ambos partidos del sistema electoral de Estados Unidos.
El presidente Joe Biden anunció hace poco sus intenciones de reelección, pese a que sus índices de popularidad no lo favorecen entre la población votante en general, ni entre sus mismos correligionarios demócratas y su proyección política se deteriora constantemente, a pesar de los esfuerzos de los estrategas por ganarle simpatía con medidas como las de declararse enfermo o positivo de COVID-19. Por su parte, el expresidente Donald Trump, que no ha descartado lanzarse como candidato republicano, enfrenta una situación similar, ya que tampoco cuenta con el respaldo de la mayoría del electorado, ni siquiera dentro de su mismo partido, entre otras cosas por su obstinada obsesión de sostener a capa y espada la falacia de un fraude electoral que solamente ocurrió en su imaginación, algo de lo que hasta sus mismos secundadores en ese esquema han mostrado aversión y han pasado la página.
Para algunos que han analizado los resultados de la encuesta, lo que domina el ambiente político actualmente en Estados Unidos es una sensación de incertidumbre, ya que —a diferencia de procesos anteriores— no se vislumbra en el horizonte de las elecciones ningún candidato o candidata que sea capaz de ofrecer algo distinto a lo predeterminado por el «establishment». Las personas consultadas por NewsNation/Decision Desk HQ confirman de que no quieren al teoricista conspirativo Donald Trump ni al vetusto guerrerista Joe Biden, pero del mismo modo expresan desconocer quién sería su opción preferencial de manera ideal.
Entre los más probables aspirantes a la presidencia de Estados Unidos incluidos en el sondeo, aparecen algunos nombres reconocidos como posibles alternativas, tales como la vicepresidenta Kamala Harris; el anterior vicepresidente Mike Pence; el senador Bernie Sanders; el gobernador de California, Gavin Newsom; la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez; el gobernador republicano de Florida, Ron de Santis, y el senador por Texas, Ted Cruz; además de otros con menos reconocimiento a nivel nacional, incluyendo al actual secretario del transporte Pete Buttigieg, la gobernadora del estado de Michigan Gretchen Whitmer, la exembajadora ante las Naciones Unidas Nikki Haley y el gobernador del estado de Texas Greg Abbott.
A la pregunta «¿Desea que Joe Biden sea candidato a la presidencia en 2024?», el 60% de los encuestados respondió negativamente, en tanto que a la misma interrogante, pero con Donald Trump como alternativa, los resultados fueron muy similares, ya que el 57% expresó no querer que el republicano retorne a la Casa Blanca. Incluso ni al interior de sus partidos, estos dos sórdidos personajes cuentan con el apoyo completo de sus correligionarios, puesto que parecen estar enfrascados en una enfermiza competición no declarada, y sin precedentes en la historia, para ganarse el pedestal de cuál de los dos es más desagradable. El 30% de los demócratas indagados consideró que Joe Biden no es un buen candidato, mientras que el 26% de los republicanos expresó lo mismo sobre Donald Trump.
Los porcentajes de respaldo de las personas consultadas a posibles candidaturas demócratas, fueron (no se han incluido los nombres de quienes no recibieron ningún apoyo):
- Kamala Harris, 16.1%
- Bernie Sanders, 10.7%
- Gavin Newsom, 8.9
- Pete Buttigieg, 7.5%
- Alexandria Ocasio Cortez, 5.6%
- Gretchen Whitmer, 4.2%
Mientras que el porcentaje de apoyo a potenciales candidatos por el lado republicano, fueron (no se han incluido los nombres de quienes no recibieron ningún apoyo):
- Ron de Santis, 23.4%
- Mike Pence, 20.1%
- Nikki Haley, 4.8%
- Ted Cruz, 4.7%
- Greg Abbott, 3.8%
En cuanto al presidente Joe Biden, sus indicadores de popularidad entre la ciudadanía se encuentran en uno de sus momentos más adversos (y agravándose) después de un poco más de dos años de gestión plagada de problemas altamente perceptibles y de gran impacto negativo a la mayoría de la población, tales como el manejo de la pandemia de la COVID-19 que parece esconder una estrategia de control totalitario de las personas, la escalada inflacionaria con el incontrolable aumento de los precios de los productos de consumo básico y, aunque ocultado por los medios y las entidades encuestadoras, el involucramiento incondicional de la actual Administración en el conflicto en Ucrania, en donde ha mostrado públicamente su apoyo a un régimen antidemocrático con un aparato militar plagado de elementos neonazis ultraderechistas. En cuanto a Donald Trump, entre los sectores honestos de la sociedad, se percibe como el máximo representante de la derecha gansteril y criminaloide, cuyos objetivos de obtención de un segundo mandato serían desatar una venganza política sin precedentes contra sus adversarios (pese a que el trabajo del Comité del Congreso que investiga su presunta participación en la invasión violenta del Capitolio no ha pasado de ser un show de desprestigio), el aseguramiento de la impunidad suya y de sus compinches, y la extensión de los beneficios tributarios a los más ricos, así como la continuación del proyecto de eliminación de beneficios sociales de los sectores más desprotegidos. Su aparente oposición al apoyo del gobierno demócrata al régimen ucraniano es intrascendente ya que un sector mayoritario de republicanos en el Congreso y el Senado han acompañado con fervor esta política, mientras que al mismo tiempo, elementos neonazis del trumpismo no ocultan su simpatía por sus similares de Ucrania con quienes comparten principios de supremacismo y supuesta superioridad racial.
En lo que respecta a otras de las principales alternativas presentadas a los encuestados, estas no ofrecen nada sustancialmente distinto a lo ya harto conocido. La vicepresidenta Kamala Harris ha demostrado una aptitud política tímidamente acomodaticia con lo que sus estrategas subjetivamente consideran corrientes de opinión dominante, y ella no puede escamotear su fidelidad a lo que se ha llegado a conocer como el «establishment» (las élites globalistas que controlan el poder real). Por su parte, el señor Bernie Sanders ha perdido grandemente su pasado atractivo hacia los sectores progresistas, no solo por haberse aliado con la cúpula más tradicional del partido demócrata a sabiendas de que Joe Biden sería incapaz de hacer efectivas sus promesas a los sectores populares, sino también por su apoyo incondicional al proyecto guerrerista en Ucrania, en donde se han ignorado de tajo y se han querido ocultar las verdaderas razones históricas del conflicto. Lo mismo puede decirse de la seudo progresista Alexandria Ocasio Cortez en este campo.
Del lado republicano, el panorama no es muy distinto, ya que el más preferido por la derecha, incluyendo algún sector del trumpismo, Ron de Santis, solamente ha demostrado que hay capacidad en las fuerzas derechistas para presentar una imagen menos divisoria que la de Donald Trump, aunque persiguiendo los mismos objetivos de siempre y más.
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